PARADIGMA DEL SISTEMA EDUCATIVO
Este video constituye una reflexión sobre el actual sistema educativo y su incidencia en la forma de pensar y actuar de las personas.Tan interesante que no nos va a dejar indiferentes.
viernes, 8 de marzo de 2013
¿Libros de texto digitales o en papel ?
NEGOCIOS
La crisis paraliza el salto digital del libro de texto
Las posibilidades que ofrecen las TIC cuestionan la necesidad de seguir usando libros de texto de papel, pero el parón de la inversión en equipamiento para las aulas frena la demanda de alternativas digitales.
- LUNES, 24 DE DICIEMBRE DE 2012
- POR ELENA ZAFRA (OPINNO)
Ni los alumnos los prefieren, ni los profesores están preparados para manejarlos. Tampoco hay infraestructuras en las aulas para aprovechar sus posibilidades y las editoriales consideran que su venta no les reporta ingresos significativos a día de hoy. Sin embargo, los libros de texto digitales, esa patata caliente tecnológica que ha destapado un antiguo debate pedagógico sobre cuál es la mejor manera de enseñar, está en la agenda de todos los actores implicados en el proceso educativo.
Mientras el libro de texto de papel, piedra angular en la organización del día a día escolar en las últimas décadas, comienza a convivir con una pléyade de materiales digitales de libre acceso puestos a disposición del docente y de los alumnos, el mercado editorial ve cada vez más clara la necesidad de afrontar una profunda transformación de su modelo de negocio. Pero, ¿están preparadas las editoriales para la transición digital, esa que todos dan por segura pero a la que nadie se atreve a poner fecha?
“No estamos de manos cruzadas ni mirando hacia otro lado en todo este proceso”, afirma Esteban Lorenzo, director de Edebé Digital. “Somos absolutamente conscientes del cambio que se está produciendo y de nuestra necesidad de reinventarnos”, asegura.
No extraña, por tanto, que en los últimos tres años las grandes casas editoriales se hayan lanzado con urgencia a la producción de contenidos digitales, tanto libros de texto como materiales complementarios para pizarra digital, plataformas de gestión escolar o ejercicios de autoevaluación que los alumnos pueden resolver en clase o en casa.
Según la Asociación Nacional de Editores de Libros y material de Enseñanza (ANELE), desde 2010 las principales editoriales han hecho crecer su catálogo digital de 100 a 2.700 productos. “Han tenido que hacer inversiones muy importantes para ir respondiendo a las necesidades de desarrollo tecnológico de los distintos soportes”, asegura su presidente, José Moyano, que menciona como ejemplo de esta apuesta el servicio en línea que ofrecen a través de plataformas educativas o de entornos virtuales de aprendizaje. Según Moyano, estos esfuerzos suponen, en primer lugar, abordar una “estandarización de contenidos” que permita visualizarlos sin problemas en el variopinto parque de portátiles, PC, tabletas y pizarras digitales que pueblan los colegios e institutos.
Pero, pese a que las editoriales ofrecen ya libros de texto digitales para todos los cursos de enseñanza obligatoria, su demanda en España -donde hay cerca de 8 millones de estudiantes en el sistema educativo- sigue siendo diminuta. “Sólo existe un mercado de cierta relevancia para la venta de contenidos educativos digitales: la secundaria en Cataluña, con 100.000 alumnos”, afirma Lorenzo. En el conjunto de España, apenas supusieron un uno por ciento de la facturación de las editoriales por libros de enseñanza en 2011.
¿A qué se debe la baja demanda? Moyano puntualiza que estas cifras solo tienen en cuenta las ventas “por licencias digitales separadas” y que cuando el alumno adquiere un producto tradicional en papel cada vez es más corriente que lleve incorporado contenidos digitales. “No es tan importante centrarse en el nivel de facturación que representa el contenido digital porque el modelo de negocio no está del todo claro”, explica antes de lanzar la pelota al tejado de la Administración. “La venta por licencias depende mucho de las infraestructuras de los centros y de las posibilidades de tener una conexión de ancho de banda suficiente, algo que no depende de los editores”, remarca.
En este sentido, la apuesta de los grupos editoriales por la producción de libros de texto digitales coincide en el tiempo con el arranque en 2009 del Programa Escuela 2.0 del Ministerio de Educación, que pretendía “poner en marcha las aulas digitales del siglo XXI”, lo que incluía dotarlas de conectividad y ofrecer a cada alumno un ordenador portátil. Su paralización ha decepcionado por igual a editores, padres y profesores que señalan este hecho como una de las razones de la baja demanda.
“Hasta que no tengamos infraestructuras adecuadas en muchos entornos la única alternativa es seguir con el libro de papel”, afirma Pere Marqués, profesor de Tecnología Educativa del departamento de Pedagogía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). “Es como si hubiéramos inventado coches magníficos pero no tuviéramos carreteras, sino caminos de piedras”, se lamenta.
En opinión de Marqués, que dirige el Grupo de Investigación sobre Didáctica y Multimedia (DIM-UAB) y está especializado en desarrollo de recursos educativos que utilizan las TIC para mejorar el aprendizaje, “un buen libro de texto digital siempre será mucho mejor que un buen libro de texto en papel”, pero para aprovecharlo es imprescindible que el estudiante tenga a su servicio un dispositivo, algo que no siempre está garantizado.
Miguel Barrero, director general de Santillana Negocios Digitales, reconoce que Escuela 2.0 favoreció la dotación de hardware y que gracias a ello “al menos determinados niveles educativos tienen una buena infraestructura”. Sin embargo -apunta- no ocurre lo mismo con la conectividad en el aula, un aspecto menos mencionado pero igual de esencial. “En caso de que los libros de texto digitales impliquen una conexión a la red continua y de todos los alumnos en el mismo horario, probablemente no resulte suficiente”, afirma.
Y los problemas no acaban aquí. Otro de los aspectos clave va más allá de la falta de ordenadores o de un ADSL veloz: los profesores que deben guiar al alumno en el uso de estas herramientas tampoco están preparados para el salto. Noemí Mercadé, directora editorial de Casals, considera que el personal que gestiona el hardware disponible en las escuelas “está infradimensionado”. Desde Edebé apuntan además que, aunque los profesores son “la clave de este cambio”, existe todavía un importante déficit de formación en materia de enseñanza digital entre ellos. “Esto dificulta mucho cualquier apuesta en este sentido”, afirma Lorenzo.
No solo los grandes proveedores de contenidos perciben este distanciamiento de los docentes. También los padres creen que muchos de ellos carecen de las habilidades que les permitirían enseñar a los alumnos a sacar el máximo provecho de los contenidos digitales. “Pasaría un poco como con el bilingüismo: a muchos les pilla ya unos cuantos pasos por delante y reciclar a toda esta gente sería complicado”, afirma Jesús María Sánchez, presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA). En su opinión debería haber “un punto de inflexión, desde ya," a partir del que la especialización en el uso didáctico de los contenidos digitales sea parte de la formación "inicial y permanente" del profesorado. “Ahora te puedes encontrar profesores que tengan una pizarra digital y sean incapaces de usarla”, comenta Sánchez, que reconoce a continuación que los padres tampoco controlan del todo estas tecnologías. “Mis hijos me dan mil vueltas”, confiesa.
No solo los grandes proveedores de contenidos perciben este distanciamiento de los docentes. También los padres creen que muchos de ellos carecen de las habilidades que les permitirían enseñar a los alumnos a sacar el máximo provecho de los contenidos digitales. “Pasaría un poco como con el bilingüismo: a muchos les pilla ya unos cuantos pasos por delante y reciclar a toda esta gente sería complicado”, afirma Jesús María Sánchez, presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA). En su opinión debería haber “un punto de inflexión, desde ya," a partir del que la especialización en el uso didáctico de los contenidos digitales sea parte de la formación "inicial y permanente" del profesorado. “Ahora te puedes encontrar profesores que tengan una pizarra digital y sean incapaces de usarla”, comenta Sánchez, que reconoce a continuación que los padres tampoco controlan del todo estas tecnologías. “Mis hijos me dan mil vueltas”, confiesa.
¿Qué aportan los nuevos formatos para que merezca la pena adaptarse a ellos? “Ya no hablamos de libros”, afirma Lorenzo. "Son contenidos digitales que favorecen la actitud activa del alumno, la interactividad, la comprensión, el trabajo colaborativo, el uso de las tecnologías en el aula y la atención a la diversidad”, explica.
Barrero, desde Santillana, abunda en la idea de atractivo y flexibilidad y en el imperativo de crear un producto totalmente nuevo y no una réplica del papel. “Debemos intentar que sean realmente interactivos, adaptables, incluir herramientas y funcionalidades de web social e incorporar posibilidad para remezclar los contenidos”, explica.
Esta apuesta por permitir la construcción de otros itinerarios de aprendizaje -no determinados por el orden o la presencia de ciertos contenidos en el manual de papel- podría ser decisiva para avanzar hacia lo que Lorenzo llama “una enseñanza personalizada”. Al mismo tiempo, destapa el debate sobre si los manuales tradicionales deben seguir siendo el 'andamio' para la adquisición de las competencias básicas, o si de no ser porque la coyuntura económica limita la posibilidad de aprender en línea, el libro de texto como lo conocemos habría perdido su razón de ser. “El alumno, guiado por actividades adecuadas del profesor, puede buscar él mismo la información, contrastarla, seleccionarla, presentarla y debatirla en clase; puede construir su propio libro, individual o colaborativamente, en forma de blog o wiki”, asegura Marqués.
Algunos como Casals apuestan todavía por mantener un modelo de libro digital que sigua la secuenciación del libro en papel “para que pueda ser usado en convivencia con este”; otros como Edebé aseguran que sus contenidos se han creado “con pequeñas unidades que se pueden reordenar y combinar en función de las necesidades del docente” y están pensados para permitir el uso de materiales de la editorial junto a los procedentes de Internet.
No obstante, y pese a los esfuerzos por explotar el atractivo de estos formatos, los libros de texto digitales que se utilizan actualmente no terminan de convencer a los alumnos. Según un reciente estudio piloto realizado en varias universidades estadounidenses, los estudiantes siguen prefiriendo los formatos impresos tradicionales pese a su desactualización crónica y a su mayor precio.
De cara al futuro, los expertos apuestan por que la próxima década será la de la convivencia entre el libro de texto de papel y los contenidos digitales. Según Marqués los primeros “irán adelgazando, convirtiéndose en la síntesis, e incorporarán códigos QR desde los que el alumno accederá con su smartphone a videos asociados, simulaciones o ejercicios autocorregibles”. No obstante, su mayor o menor protagonismo dependerá más del contexto económico que del tecnológico.
Por otro lado, ya han aparecido empresas informáticas –entre ellas Apple con su software iAuthor- que quieren disputar a las editoriales el terreno de la producción de contenidos, aunque su influencia es aún pequeña en España. Posibilidades como la compra de recursos educativos por capítulos o la agregación y remezcla de contenidos son también incipientes todavía.
Por ahora, los grandes grupos, que llevan décadas compilando y organizando los contenidos de los manuales escolares, dicen no tener miedo a la aparición de nuevos competidores. “Confiamos en nuestra experiencia en lo que sabemos hacer: adaptar el contenido de las áreas a los currículos”, afirma Moyano. “Eso no está en Internet, sino que depende del acierto, capacidad y profesionalidad de empresas educativas que tienen miles de empleados superespecializados”, añade. Para el presidente de ANELE, si un grupo de tecnólogos audiovisuales explica el currículum mejor que los editores “tendrán éxito”, pero advierte que hacer un producto educativo de calidad “no es pintar un volcán y que eche un poco de lava”.
Desde las editoriales coinciden en señalar lo valioso de la experiencia acumulada y en dudar de que otros agentes puedan llenar ese hueco con la misma calidad. “De todas formas, la creación colaborativa es un agente en sí mismo que las editoriales no deben menospreciar”, puntualiza Mercadé desde Casals.
Sean unos u otros quienes los diseñen, la demanda de libros de texto digitales, aún raquítica, aumentará considerablemente en el futuro y, mientras esto sucede, las editoriales comienzan a tomar posiciones para aprovechar lo mejor posible sus fuertes. “Las grandes editoriales como nosotros, con una base sólida y un fondo editorial desarrollado y maduro, serán las que antes puedan adaptarse y cubrir las necesidades de contenido en castellano, inglés u otras lenguas”, apunta Álvaro García, director general para España y Portugal de McGraw-Hill.
Aunque casi todas consideran la posibilidad de que la demanda “irrumpa en poco tiempo y de forma exponencial”-como advierte Barrero desde Santillana- y se han esforzado por ofrecer un amplio cupo digital de contenidos, la realidad es que pocas creen en una sustitución inminente del manual tradicional por una alternativa digital. Desde Prisa, grupo al que pertenece Santillana, las consignas son la cautela y la priorización del negocio tradicional. “Está claro que tenemos un nicho muy bueno en papel y la venta de cuadernos de verano y libros de texto todavía funciona”, explica Carlos Sánchez, director digital y multimedia de Prisa Brand Solutions. “En esta parte no vamos a ser muy activos. Lo importante es estar preparados para cuando haya que dar el salto, y por eso estamos en comunicaciones con todo el mundo, para poder hacer un salto rápido en un momento determinado y defender ese negocio”, añade.
Según Marqués, su prudencia se justifica en que la poca uniformidad del equipamiento de las aulas incrementa el riesgo empresarial. “Si hacen libros digitales para las máquinas actuales que ya empiezan a ir más lentas no aprovechan todo lo que puede dar la informática para hacer cosas más atractivas; pero si hacen materiales más avanzados se arriesgan a que en muchos ordenadores no corran”, comenta Marqués. “La editorial que se adelante demasiado habrá creado unos libros digitales que quizá en unos años el mercado considere obsoletos”, resume el experto.
Otro de los retos de los nuevos sistemas de aprendizaje, más tendentes a la apertura y la colaboración, es la forma de garantizar el respeto a los derechos de autor, un tema que la industria ha resuelto provisionalmente con el sistema de gestión digital de derechos (DRM, por sus siglas en inglés), mediante el que los alumnos compran licencias de uso –generalmente de un curso de duración- y se impide que, vencido ese plazo, los libros digitales puedan ser copiados, prestados o heredados como lo son en ocasiones sus equivalentes de papel.
Desde CEAPA, Sánchez defiende el sistema de reutilización de libros en los centros que venía funcionando en algunas comunidades autónomas y considera que se debe caminar hacia un modelo en el que exista un “reservorio de contenidos” al que puedan acceder alumnos y profesores y en el que el software de enseñanza sea libre y gratuito. “El acceso a descubrir cosas no puede estar vedado”, concluye.
Aprender a programar como se aprende a leer
Aprender a programar como se aprende a leer
Un número creciente de países enseña a los alumnos a escribir código
El objetivo es formar a creadores y no solo a meros consumidores
Potencia la creatividad y la mente lógica
Desde los seis años se puede aprender a programar. / JAMIE GRILL (GETTY IMAGES)
“¡Hola chicos! Olvidaos de ser doctores, estrellas del fútbol o raperos. Aunque os vacilen y llamen frikis en el colegio, el futuro está en los ordenadores”, alerta en un vídeo Bill Gates. El fundador de Microsoft comparte pantalla con el de Facebook, Mark Zuckerberg, que apostilla: “Aprender a programar no significa querer conocer todo de la ciencia de la computación o ser un maestro”. Ambos apoyan a la fundación Code.org, que pretende introducir la programación en las escuelas de Estados Unidos. Tan solo en una de cada diez se aprenden los códigos. A Code.org le resulta insuficiente, pero el porcentaje está a años luz de España, donde los niños navegan sin parar por la Red sin saber desarrollar sus propias aplicaciones.
“No sirve de nada que te enseñen unas herramientas como Word que habrán desaparecido o habrán cambiado mucho cuando terminen sus estudios. Cualquier aplicación, si está bien diseñada, no se tarda en aprender”, sostiene Luis de Marcos, profesor de Informática en la Universidad de Alcalá de Henares. “Hay que usar el ordenador como herramienta para resolver problemas. Lo que los anglosajones llaman el computational thinking. Porque el debate es: ¿somos creadores digitales o consumidores de contenidos?, ¿queremos que los chavales agoten en 15 minutos la tarifa de datos del móvil o que desarrollen algo y compartirlo?”, prosigue.
A Juan Corzo, analista de tecnología con GPS, sin embargo, no le entusiasma la idea de que su hija Tala, hoy de dos años, aprenda a programar con seis. “Que estructure su cabeza como quiera. Encuentro más útil que a esa edad le enseñen con el método Ábaco a sumar o multiplicar números largos. Para el día a día no hace falta programar. Ayuda a ordenar las ideas, pero debería aprenderse como pasatiempo. Así empezaron los grandes genios. Es como escribir. Tienes una idea, piensas en los personajes, en la estructura y en cómo los introduces en la historia”.
“Está bien que los niños aprendan las bases de la programación, pero también deben de conocer las herramientas. Aunque el mundo cambie, no todo es tecnología. Aprendiendo el Word o PowerPoint uno no sólo adquiere competencias informáticas, también lingüísticas, sociales y ciudadanas”, media Inés Andrés, coordinadora de TICS deIneverycrea, una plataforma que asesora a los profesores en la integración de las tecnologías. Sostiene que sobre todo hay que aprender a trabajar en Red. “La ven como algo lúdico y no saben moverse por ella. Es curioso, no les dejamos solos en casa, pero no nos preocupamos de la Red. Mis alumnos en Burgos contactaron con un aula de Palencia. Se establecieron vínculos por carta, videoconferencia...”.
Conscientes de los beneficios de este aprendizaje, el Ministerio de Educación británico ha pedido ayuda a la industria para crear un nuevo contenido para las clases de informática. Finlandia e Israel ya han incorporado la programación a sus currículos escolares. La palabra “programación” asusta, pero los monitores no se cansan de repetir que resulta tan fácil de controlar como la lectura o la escritura.
¿Podría incluirse entre los contenidos escolares en España? El panorama no es muy halagüeño.
“Es verdad que los profesores son reticentes a la informática, pero tampoco se les pone fácil. No hay suficientes ordenadores y nadie se ocupa del mantenimiento, así que la mitad no funcionan”, asegura Ángeles Araguz, profesora técnica de FP y tutora del Centro de Formación de formadores de la Comunidad de Madrid. “Para impartir clase de programación tendría que existir un proyecto común de los profesores y que se enseñase en Física o Matemáticas. No hay tiempo para idearlo, como en Finlandia, y cuando se cierra la puerta del aula es el reino del docente”, prosigue esta profesora de un instituto de Vallecas.
Aunque en los centros haya medios, el personal docente no está preparado para acometer la tarea. “Un profesor con conocimientos básicos de informática en dos o tres meses aprende lo que tiene luego que enseñar”, cuantifica De Marcos. Comparte opinión Inés Andrés, profesora de Lengua: “Se están haciendo cosas interesantes, pero es algo nuevo y descoloca. Por eso, yo como consultora resuelvo dudas metodológicas. Aprender de forma autodidacta lleva mucho tiempo”.
En la sala 102 de la Facultad de Informática de la Universidad de Valladolid hay un oasis. Dan las cinco de la tarde y por tercer lunes consecutivo se llena con 18 niños de entre ocho y 13 años que quieren aprender scratch, una aplicación destinada a la creación de juegos para la web mediante una sencilla interfaz gráfica. Muchos no llegan al perchero y los monitores les ayudan a colgar el anorak. Cargan con un portátil desde casa, a veces tan pesado que les hace trastabillar. Todo normal y corriente hasta que abren la boca, mostrando una curiosidad inmensa y envidiable por todo lo que les rodea. Aquí adquirirán conocimientos que podrían servirles para crear los nuevos Google, Twitter o Zynga.
Los 18 pequeños se sientan en unas mesas hexagonales y despliegan sus ordenadores. “Son niños y necesitan por lo menos un metro de espacio. Mucho más que un adulto, porque no se sientan bien”, explica con media sonrisa Belén Palop, la coordinadora de este curso de scratch, el sistema de programación infantil ideado por el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Efectivamente, están desparramados y ansiosos por empezar. Viven pensando en el lunes, el día que se entienden con niños que hablan el mismo lenguaje que ellos. Cada vez en más ciudades españolas se convocan masivos encuentros de estos locos por el scratch.
Lo primero es tener claro qué tipo de programa se quiere crear: narrativo o videojuego. Casi la totalidad se decanta por este último. “Quizá a las chicas —sólo hay tres— les gusten más las historias, pero a la hora de manejar el scratch no hay diferencias”, diferencia Palop. Seguidamente hay que plasmar en un papel A3 la idea a desarrollar en el ordenador. Se establece entonces un “compromiso” que los niños, dispersos como todos en la infancia, intentan saltarse. Por eso los dos monitores y Palop les remiten todo el tiempo a su planteamiento original que suele titularse Super Mario. Ansiosos dibujan y entran en scratch, que es en español y gratuito. Su lema se repite hasta la saciedad: “Imagina, programa y comparte historias, música, juegos y arte”.
Dibujan en la Red sus personajes y, añadiendo órdenes muy sencillas, estos monigotes empiezan a tener autonomía y movilidad. “Cuando consiguen pintar un simple punto o hacer que el gato maúlle, se emocionan”, dice Palop. Scratch se puede usar desde los seis o siete años, pero en este taller no admiten a estos menores porque necesitan la atención constante de un adulto. Casi todos son hijos de informáticos o hijos de padres sensibles a sus enormes ganas de aprender. “Mi hijo quería aprender a programar desde hace dos años. Yo, que soy informática, le enseñé a hacer páginas web, pero él quería también animaciones. Es muy curioso a sus 10 años. De mayor quiere ser ingeniero de montañas rusas y las diseña con un programa”, sostiene orgullosa Alicia Novo, madre de Daniel.
“No es solo que aprendan a programar, sino que desarrollan una mente lógica que les va a venir bien para cualquier faceta de la vida”, subraya Palop. A María Vegas, madre de Sabino, y a la de Daniel las convence que sus hijos trabajen en un proyecto en equipo, algo poco usual en las aulas, que convivan con chicos de otras edades sin complejos y, sobre todo, que durante unas horas se sientan entre iguales. “Me encanta que mi hijo no entre en Internet por las redes sociales, sino para mirar en YouTube un vídeo sobre parques de atracciones o seguir tutoriales”, explica Novo. Con el proyecto concluido, escriben un cuento con el proceso y, orgullosos, lo exponen a sus compañeros que no pierden el hilo. “Es increíble su desparpajo. No les cuesta hacerlo, cuando hay alumnos míos que lo primero que cuentan en público es su proyecto de fin de carrera”. También se asombra Pablo Espeso, uno de los monitores: “Entienden algoritmos que nosotros en primero de Informática desconocíamos. Matemática pura que ellos aplican naturalmente porque es más sencilla de lo que parece”. No cree que los niños lleguen a aburrirse: “Las posibilidades son infinitas. En informática hay pocas cosas que dominen del todo”.
Espeso pone a David Martín, de 13 años, como ejemplo de precocidad. Tímido, le cuesta reconocer que tiene ciertos conocimientos de Java. “Me interesé por Internet y sigo viendo tutoriales”. A su lado, Sabino Codesal, de 12 años, se acerca al micro de su portátil para grabar la banda sonora de su videojuego. Pide silencio a la concurrencia y tararea una melodía que recuerda a la Indiana Jones. Se comporta como el niño que es, por eso sorprende saber que en sus ratos libres estudia Alice, un sistema para hacer animaciones y escenarios en 3D.
Si el scratch deja con la boca abierta, ¿qué decir del mundo de la robótica que suena ya a ciencia ficción en manos de mini-hombrecitos? A ello se dedica el ingeniero en Telecomunicaciones Toni Ferraté, quien aburrido de programar para empresas en 2007 fundó Ro-botica, una tienda online y con sede física en Barcelona. “No se trata de aprender robótica, sino de aprender con robótica. Trasteando con el ordenador aprenden de los errores y de los aciertos de los demás compañeros y se reduce el fracaso escolar. El profesor adquiere un rol más de facilitador, guía, inspirador”, precisa. De esta forma, estos niños hipermotivados descubren la programación al controlar dispositivos reales de entrada y salida, física (energías, fuerza y velocidad) y conceptos matemáticos (trigonometría, geometría). “Si en el aula te dan una clase magistral llena de fórmulas ni entiendes ni recuerdas lo que te han contado. Sin embargo, con el robot entiendes la aceleración o la inercia. Nosotros hacemos materiales que expliquen los fenómenos físicos”, remarca Ferraté. Incluso, asegura, “coges un episodio histórico, lo recreas virtualmente y luego lo pasas al mundo real con los robots”.
Ferraté organiza talleres para profesores de infantil a la Universidad, asesora en el aula y monta competiciones de robótica. “Paradójicamente, cuando más se necesitan informáticos menos vocaciones hay. Antes éramos 200 en clase. Ahora son 20”. La comunidad universitaria es menor, pero es evidente que ha decrecido el interés en todo el Mundo. La fundación Code.org reclama la formación de más ingenieros de software. Sólo, cuantifican, lo son el 2,4% de los graduados hoy en su país —un porcentaje más bajo que hace una década— y tienen el doble de posibilidades de encontrar trabajo que la media universitaria.
Es indiscutible que al sector informático no ha afectado tanto el paro en España. “Tengo amigos que han perdido el trabajo y en pocos días les sale algo nuevo. Las empresas cierran pero enseguida hay alguien que les llama. Desde hace cinco años vivimos rodeados de programas. En los indicadores del coche, Instagram en el móvil, contenidos interactivos en la TDT...”, opina Juan Corzo, que vive en Valladolid.
“Cada vez más profesiones obligan a tener conocimientos de programación: la biogenética, las artes gráficas, el mundo empresarial… Así que la Informática se debería incluir en secundaria, en especial para los de ciencia y arte”, propone de Marcos. Por eso el pequeño Sabino, a quien nada ni nadie le retiene, lo tiene claro: “Cuando sea mayor quiero dedicarme a la biorobótica. Necesito aprender programación para hacer nanorobots y trabajar con células madre”.
Se integre o no la programación en clase, nadie pone en duda estas palabras del pensador chino Confucio (551-478 a. C.): “Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí”.
Programas y robots
Scratch. Desarrollado por el MIT, permite contar historias, música o arte con un lenguaje muy fácil.
Small Basic. De Microsoft. Enseña a programar mediante código simplificado.
Alice. De la Universidad Carnegie Mellon. Es un sistema de programación 3D para crear animaciones.
Kodu. Un software de creación de videojuegos para niños adaptado al PC.
Bee-Bot. Para enseñar lenguaje direccional, a contar historias y programación desde los tres años.
Lego WeDo. Ideal para contar historias y cuentos construyendo modelos con sensores simples y un motor.
Ollo. Nuevo sistema para construir robots con muñecos y radiocontroles.
Arduino para robots. Placas para construir máquinas con sistemas y programarlas.
Fischertechnik.Un sistema de robótica integral y progresivo que puede empezar a utilizarse a los siete años.
ElPais 8 de marzo de 2013
viernes, 1 de marzo de 2013
Reflexiones sobre el sistema bancario
FRAESMA
Otra economía es posible. El neoliberalismo salvaje está llevando el mundo al borde del colapso. Aún podemos evitarlo si obviamos dogmatismos y viejas recetas que no sirven en un mundo globalizado. Recomendado buscar y leer Revolución Financiera. En este blog, damos cabida a aquellos artículos de terceros que entendemos sirven para respaldar las tesis que defendemos, sin por ello asumir autoría ni responsabilidad alguna sobre los mismos, que consideramos propiedad de su autor.
MIÉRCOLES, 27 DE FEBRERO DE 2013
REVOLUCION FINANCIERA CAPITULO 3
IMPORTANTE LEER ANTES CAPITULOS 1 y 2
PINCELADA ESPAÑOLA
Y mientras, a título de ejemplo, en España creciendo la cifra de desempleados en forma exponencial, con la cruda realidad que en un país de 46,2 millones de habitantes, 16,4 millones cotizan, entre ellos, 2,7 millones de funcionarios que son parte del costo. Es decir, 13,7 millones produciendo no pueden mantener el sistema.
Es un disparate transformar deuda bancaria privada en deuda pública que nos terminara ahogando.
La banca se defiende diciendo que hay que salvarles para salvar el ahorro privado. No es cierto. Con los fondos de que dispusieron, depósitos de clientes, préstamos obtenidos y capital propio hicieron negocios ruinosos y ahora pretenden que les cubramos las perdidas.
No podemos obviar que los bancos son empresas privadas que como tales, y cegados por lo que veían como suculenta actividad lucrativa, una vez agotados sus recursos, pidieron a bancos extranjeros, no olvidemos que principalmente alemanes y franceses dinero para hacer más inversiones.
Las inversiones les salieron mal, tanto a unos como a otros. Es un problema entre ellos de asunción de riesgo empresarial. De haber salido bien no se habrían planteado repartir beneficios con todos y seria correcta su postura.
Al salir mal las perdidas no pueden ser asumidas por los demás. Es una prueba evidente de intentar socializar las perdidas, cuando no se hace con los beneficios.
Cualquier gobierno que apoye esto, que asuma deuda privada y la cambie por deuda pública, entendemos puede cometer delito de estafa y malversación de caudales públicos.
No podemos mantenernos inanes ante actuaciones de esta índole. No tenemos derecho a callar trasladándoles el problema a las generaciones futuras.
Empieza a resultar una mala pesadilla. Aun estamos a tiempo de intentar reconducir la situación. Ni un céntimo más para la banca en quiebra.
Es imprescindible emplear los pocos recursos disponibles en la economía productiva a través de una banca pública.
A quien se pretende seguir engañando con la manida frase de que "como mal menor hay que salvar el sistema bancario"
Si no hay dinero no lo hay. ¿Como es posible que no haya dinero para crear empleo manteniendo sanidad y educación y si lo hay para bancos mal gestores que han ido a la ruina?
Que tiene que pasar para dar un giro de 180 grados a las políticas usadas en Europa. ¿Por qué no estaremos esperando a tener el beneplácito de quienes, como Alemania, a corto plazo se benefician de ellas?
Basta ya de despilfarrar ayudando a la banca que no sirve para otra cosa que cubrir pagos a sus acreedores, también bancarios, principalmente Alemanes.
Utilicemos imaginación y recursos destinando medios a la economía productiva.
Digamos aquello de que cada palo debe aguantar su vela. La desastrosa gestión bancaria debe ser asumida por ellos. Las entidades que no puedan continuar su actividad mercantil deberán cerrar.
O retomamos el crecimiento o no existe salida alguna. La deuda que han generado es impagable, por muy duro que resulte reconocerlo. Cuanto más tardemos en verlo más difícil será encontrar la salida.
PINCELADA RESTO DEL MUNDO
Pero como dice el refrán de, éramos pocos y no sé que le pasó a la abuela, mientras al otro lado del atlántico, desde el Imperio, están a lo suyo y de vez en cuando maniobrando para ver si eso del euro se puede cortar de una vez, no vaya a ser qué. Se empieza a despertar el gigante dormido (vuelvo a citar a Napoleón) y se revolucionan los mercados.
China, que tomó debida nota de la caída del muro, con la mayor población del planeta dentro de una misma frontera, se aventura a cambiar sus reglas de juego y se pone, en plan laboratorio, a experimentar con el sistema.
Coge el ganador, y puesto que estamos en la era digital lo copia dentro del que tenía. En principio se le ha de reconocer audacia y originalidad.
Tienen claro que campo interior hay para desarrollarlo pues parten prácticamente de cero. Al fin y al cabo saben que a nosotros nos ha dado juego más de un siglo, así es que a fomentar el consumo interno.
A ello, y como hacemos todos, añaden él, a conquistar mercados exteriores, que tenemos como ventaja los costos laborales y sociales.
Conclusión, podemos decir que no han tenido crisis, porque no olvidemos que la crisis funciona con nuestro sistema, pero el suyo es una mezcla de ambos y no tenemos datos comparativos homologables.
El año 2010 tuvieron un superávit por encima del 10 % del PIB, es decir la otra cara de la moneda americana.
Tengamos en cuenta que EEUU ha ido acumulando un déficit en cuenta corriente constante desde hace más de 30 años, mientras China y los países productores de petróleo no paran de generar excedentes.
La contrapartida a la acumulación de deuda americana ha sido la adquisición de riqueza ahorrada por ellos
Para que la fiesta sea completa, junto a China se apuntan como emergentes Rusia, India y Brasil, sumando los cuatro una población de 2.700 millones con lo que vemos que empieza a cambiar el mundo, el club privilegiado del 15 por ciento pasará ya a ser superior a la población de la mitad del planeta. Y mientras nosotros pensando en soluciones para el 15 por ciento.
Como colofón añadamos al cóctel los denominados famosos tigres asiáticos, mas Japón, la impronta de los países del golfo y el incipiente despertar de África y América latina.
QUE PODEMOS HACER
Llegados a este punto, cabría preguntarse ¿Qué podemos hacer?
Enunciada así, la pregunta es bastante difícil de responder, pero podríamos empezar por despejar la incógnita e intentar simplificarla, para a partir de ello, como en cualquier formulación matemática, avanzar en su resolución.
Empecemos por intentar, dentro de este laberinto, consensuar que es lo que no debemos hacer y tal vez podamos sorprendernos gratamente al ver que la salida existe.
Hasta ahora, se intentan aportar soluciones tirando de manual, sea este más o menos ortodoxo.
Según criterios académicos, más o menos dogmatizados, se procura aplicar recetas utilizadas con anterioridad en función de las variables manejadas o de datos obtenidos o proyectados a futuro con formulas conocidas.
Se extrapolan simulaciones, etc, pero todo, absolutamente todo, sin cuestionar el sistema.
Cuando se alza alguna voz al respecto, rápidamente impera la ortodoxia, cortándola de raíz, bien por radical, bien por panfletaria.
Es decir, como si el médico ante un cuadro clínico desconocido, viendo que el enfermo no reacciona, se empeñase en “el libro dice lo que dice”.
Aunque difícil de entender por la praxis de la clase política dominante, parece que en principio no sería descabellado pensar que no debiéramos seguir aplicando una política económica totalmente equivocada obsesionada en un control a ultranza del déficit que no hace sino acrecentar el disfuncionamiento del sistema, máxime cuando se pretende conseguir en plazos de tiempo de difícil asunción social.
Cierto que acotar y reducir el mismo es necesario, tanto en este como en cualquier otro sistema, por puro sentido común y de eficiencia, pero, en ningún caso a cualquier precio.
Posiblemente una de las mayores lecciones de la situación actual lo sea, independientemente de cualquier otro factor, la necesidad de evitar despilfarrar y gestionar costos de manera rigurosa con la visión puesta en la sostenibilidad del propio planeta.
Además, llegado a este punto tendríamos que ponderar ciertas premisas a saber:
No podemos asumir como déficit del Estado lo que es privado, en un 90 % bancario.
No podemos seguir respaldando y avalando deuda bancaria por deuda de todos.
No podemos socializar las perdidas cuando el sistema no permite socializar los beneficios.
El aceptar que como mal menor hay que rescatar al sistema bancario, es ir contra el libre mercado que tanto nos gusta recordar.
Estamos convirtiendo deuda privada en pública por unas cuantías imposibles de asumir y ello estáarrastrando a la quiebra del Estado.
Tenemos que determinar quien debe regir los gobiernos, si los representantes de la población o los consejos de administración de lobby privados.
Ante la desastrosa situación a la que han llegado la mayoría de bancos, principalmente debido a su pésima gestión, su falta de escrúpulos, en muchos casos, su falta de visión en riesgos asumidos, respaldados en la seguridad de su fuerza para imponer su rescate, su avaricia en emplear el dinero gestionado participando directamente en todo tipo de actividades, así como la permisividad y falta de control en la ingeniería financiera utilizada con la existencia de paraísos fiscales a medida, lo que no podemos hacer es tabla rasa y apoyo a ultranza,.
Muy al contrario la solución pasa por cubrir estrictamente los depósitos bancarios de clientes e impositores, dejando al riesgo y ventura de los accionistas los resultados de su gestión, como se hace en cualquier actividad mercantil.
Si queremos salvar a alguien que se está ahogando no podemos hacerlo como él quiere, pues nos ahogaremos con él.
Tiene que crearse una banca pública que haga de freno al desenfreno para a través de ella proveer de financiación a la economía real productiva, garantizando la función básica de la banca de dar préstamos.
Tiene que regularse la banca privada, separando nítidamente, lo que es banca comercial y banca industrial, en base a una eficaz información al ciudadano, a quien habría que trasladar el mensaje de "tus depósitos en un banco comercial están garantizados, si quieres mas plusvalías tienes la banca industrial, pero será tu riesgo".
La deuda del sistema bancario es virtual y me explico. La ingeniería financiera utilizada en base a derivados, titulizaciones de paquetes de "burbujas" es tan desproporcionada que no existe contraprestación en moneda emitida capaz de cubrir la misma.
Por tanto, empeñarse en seguir queriendo solucionar un problema real de forma virtual solo lleva a llegar a soluciones de maquillaje y apuntes contables sin contrapartida real alguna. Cuanto más tardemos en verlo más difícil será la salida.
El sistema no puede funcionar si no tiene circulante y este se encuentra retirado, en poder de un escaso uno por ciento de la población a quien habrá de convencer, como mal menor, y formulas hay para ello, para que lo deje circular.
De no ser así habrán de tomarse medidas drásticas en beneficio de la inmensa mayoría de la población que no aguantara mucho más tiempo una situación de impotencia e indefensión ante tal acumulación de capital en tan pocas manos.
Mientras el sistema ha aguantado en su esquema de ingeniería financiera piramidal permitiendo la acumulación del mismo y sus plusvalías en cada vez menos manos pero sin afectar ni percibirse por la mayor parte de la población todo ha ido funcionando, de forma aparente normal.
La codicia financiera ha llegado a tal nivel que solo veían el incremento desmesurado de plusvalías, sin pararse a pensar que no estaban sustentadas en base real alguna.
Papel dinero generando más papel y agotado este simplemente bastando su apunte virtual contable.
La punta del iceberg surge cuando estalla la crisis suprime en EEUU desencadenando un torbellino en espiral que deja al descubierto, en toda su crudeza, los falsos cimientos del sistema.
Es a partir de entonces cuando no puede mantenerse por más tiempo el juego y queda al descubierto la falta de circulante en moneda emitida capaz de soportar la magnitud del problema.
Ante semejante situación, quienes detentan y poseen el circulante, ante el miedo a perderlo, filtran las tesis de austeridad y recortes que tan gravemente están afectando a todos los estamentos sociales.
Puesta en marcha la maquinaria mediática propagandística empieza a alterar cierto status quo existente en las denominadas clases medias, que por otra parte han sido imprescindibles hasta el momento para mantener el invento.
A medida que se va profundizando en la magnitud del problema va aflorando la inviabilidad de mantener privilegios a ultranza pues el quebranto que se causa a la mayoría es insoportable y empiezan las contestaciones sociales que llegaran a situaciones límite de no cambiarse las posiciones actuales.
Los Estados modernos nunca debieran tener deuda, pues tienen el poder de emitir moneda, lo que tienen que tener es la responsabilidad que ello conlleva y por tanto saber calcular sus actos.
Deben suprimirse totalmente, sin excepciones, los llamados paraísos fiscales. Solo benefician a la acumulación de capital que sistemáticamente es detraído de la circulación financiera en la economía real.
Son la base de partida de las inversiones especulativas contra el sistema en su conjunto, además de fraude generalizado contra las Haciendas Públicas.
¿Porque permitir a las grandes corporaciones, a las empresas transnacionales, a las grandes fortunas, no pagar los impuestos que les corresponde?
De no hacerlo terminaran dinamitando todo consiguiendo incluso que se vuelva contra ellos y termine en su propia asfixia.
Hay que regular la, denominada en su conjunto, ingeniería financiera reduciéndola exclusivamente al ámbito de la banca de inversión, exigiendo una previa información sobre cualquier producto o derivado a comercializar.
En su regulación es imprescindible suprimir la opacidad de cualquier producto que pudieran ofrecer.
Se deben prohibir las actuaciones conocidas como posiciones en corto radicalmente.
Asimismo no podrán realizarse operaciones en base a futuros con respecto a energías y producciones de alimentos.
La economía de mercado necesita controles y reglas, máxime en el sector financiero, donde los Estados han sufrido al respecto una especie de ceguera colectiva.
Se han dejado presionar por lobby y corporaciones con intereses excesivamente partidistas.
Para implementar lo anterior será necesario crear una Agencia de Clasificación pública, que en ningún caso pueda contratar sus servicios de forma privada.
La misma podría financiarse de un impuesto a aplicar a las transacciones financieras, de tal forma que se garantizara su total independencia.
La misma respondería de sus informes y evaluaciones como tal con la responsabilidad profesional solidaria de los técnicos emisores de los mismos.
Paul Samuelson decía en 2008 y cito literalmente:
“Dejen sitio en el Juzgado para las tres grandes agencias de clasificación: Fich, Moody's y Standard Poor's. Se supone que solo dan aprobaciones AAA al material seguro. Pero si una de las tres se volviera objetivamente veraz, las otras dos se quedarían con todo el negocio. Eso apesta a conflicto de intereses."
Necesitamos urgentemente un nuevo Bretton Woods, que sirva como en 1944 para adoptar las medidas e iniciativas para reformar el sistema en todo lo necesario.
Al igual que entonces debería recurrirse a reunir aquellas personas idóneas para la búsqueda de las soluciones pertinentes, rehuyendo prejuicios ideológicos y olvidando aplicaciones del manual por el manual.
En nuestro mundo globalizado no encajan muchas de las viejas recetas. Empeñarse en ello nos abocara a situaciones límite de incalculables consecuencias.
Abordar con mente abierta los cambios a efectuar en el FMI y BM, no obviando la necesidad inaplazable, a pesar de las presiones políticas en contra, a la búsqueda de una cesta de monedas que a nivel mundial establecieran un elemento de giro como moneda base en todas las transacciones internacionales.
Dicha cesta estaría formada, como mínimo, por dólar, euro, remimbi, rublo y yen a un tipo de cambio fijo e inalterable que permitiera armonizar las fluctuaciones de forma definitiva. Por muy quimérico que parezca, no abordar esta cuestión dejaría fisuras capaces de frustrar cualquier cambio.
No podemos seguir empeñados en luchar contra la inflación en base a dígitos que parecen nos vengan impuestos por designio divino, es mas y aquí viene el órdago para quien lo que dice el libro es sacrosanto, necesitamos incrementar la misma.
Ante una situación de apalancamiento excesivo de deuda, tanto privada como publica, que colapsa el sistema pues termina auto fagocitándose, no podemos incidir en una política de abaratamiento de salarios en base a una supuesta competitividad.
Competitividad ¿con quién?
Cuando en la década de los setenta las multinacionales descubrieron la deslocalización, que permitía fabricar en los países con mano de obra barata para vender en aquellos con más poder adquisitivo, creyeron encontrar la panacea, y lo era, pero no la que creían.
Se puso de manifiesto que funciona cuando existen desigualdades tan evidentes, pero en un mundo globalizado solo sirve durante un tiempo para los países más desarrollados que durante ciertos años mantienen su capacidad adquisitiva.
Llegado el momento, como empieza a ocurrir actualmente, cuando el consumo cae por paro excesivo, por endeudamiento alto, los mercados "ricos" no pueden seguir comprando y la producción en las nuevas ubicaciones ha de destinarse a mercados internos, que necesitan a su vez subir sus salarios para poder tener poder adquisitivo y comprar. En este contexto pretender competir en base a salarios no funciona.
Si a un empresario que tiene un pago mensual de un millón de euros en nominas le preguntasen;¿Quiere que apruebe un decreto para que pague la mitad de nominas?, lo normal es que respondiera afirmativamente.
Pero si le dijéramos, "vale a partir de mañana bajaremos el sueldo en todas las empresas a la mitad", lo normal es que respondiera que no le interesa porque si la gente tiene salarios bajos, ¿A quién va a vender sus productos?
Como solución transitoria, y solo a los efectos de tener el tiempo suficiente que conllevara un cambio de sistema productivo, y para ello se necesitaran generaciones, creemos necesario potenciar el consumo y paralelamente bajar los niveles de deuda en base a elevar el objetivo de inflación al 6 % anual durante los próximos 5 años en los países con afección sistémica más acusada.
De forma paralela coordinada se debe proceder a la emisión de moneda destinando la misma, por una parte a obra pública que cree empleo y permita posteriormente la recuperación del sector privado y por otra al saneamiento en un 60 %, como mínimo, del endeudamiento público, amortizando deuda, como medida de choque para anular la reacción del capital acumulado.
En definitiva seria como pedirle al 1 % de la población que atesora la mayor parte de moneda emitida, que aportase esa misma cuantía en impuestos, cosa que evidentemente no hará de forma voluntaria.
Esto conseguiría los mismos objetivos que una devaluación del mismo tipo, siempre que se acompañase de un control riguroso de precios en alimentación y servicios básicos tales como suministros de agua, electricidad y gas, de tal modo que el Estado pudiera intervenir en el mercado de producirse alteración de precios con la importación de contingentes reguladores.
De esta forma, al contrario de las medidas adoptadas hasta la fecha, se conseguiría proteger a la mayor parte de la población de los efectos inflacionarios básicos.
Esta medida supondría dejar en manos de los países emergente, con China a la cabeza, el tirar de la economía mundial, y ello tendría que pasar por un acuerdo que lo permitiera.
Por una parte estarían las objeciones de EE.UU en cuanto a tener que compartir su estrategia política de dominio y por otro la propia China a quien le afectaría por sus elevados depósitos en dólares que devaluaría.
Pero permitiría, al conseguir desapalancar la deuda en, al menos un 50 %, estabilizar la morosidad y reactivar el empleo, además de sacar a circular los depósitos en manos minoritarias, con lo que volvería a funcionar el sistema.
Posibilitaría que la población en países en vía de desarrollo pudiera acceder a las cotas de bienestar posibles con el sistema en vigor al ir gradualmente mejorando la forma de vida de millones de personas e ir igualándolas a las que hasta ahora alcanzo el 15% privilegiado.
Este por el contrario, debería adaptarse a mantener lo conseguido aunque esto supusiera mantener el status quo sin avances significativos.
Hasta ahora nos daba igual la pobreza y miseria de la mayor parte de la población, solo nos hemos preocupado de nuestro acomodo, no nos habíamos planteado que en un mundo común no es posible mantener una desigualdad tan manifiesta.
Resulta hiriente y debiera hacernos pensar que solo nos hemos dado cuenta cuando nuestra posición privilegiada se resiente y comprobamos que necesitamos mejorar su nivel de vida por propia conveniencia.
Hace unos años, comentando con cierta persona considerada progresista, que como era posible que Unicef llevara dos años pidiendo una inversión de treinta mil millones de dólares para acabar con el hambre infantil en zonas deprimidas y no se le facilitaba un céntimo alegando la falta de recursos y en cambio ante la quiebra financiera en EEUU, el presidente Buch había volado para ayudar a la banca con setecientos mil millones de dólares.
La respuesta fue, " seamos sensatos, hablemos de cosas seria, estamos hablando de economía." Ante tal insensibilidad pensé que el mundo había llegado a su nivel más bajo de podredumbre.
Posibilitar el crecimiento en dichos países, en conjunto daría tiempo a plantearnos a qué tipo de sociedad futura aspiramos, permitiendo ir introduciendo los cambios necesarios, pues la actual nos guste o no tiene fecha de caducidad.
CONTINUARA
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