jueves, 21 de abril de 2016

Venecia celebra 500 años del establecimiento del gueto judio.

El primer gueto del mundo

Imagen de la exposición 'Venecia, los judíos y Europa. 1516-2016'. ARCHIVO HISTÓRICO DE VENECIA
Venecia conmemora los 500 años de la instauración del primer espacio de confinamiento para los judíos con un amplio programa de actividades culturales
Hace 500 años, exactamente el 29 de marzo de 1516, el Senado de la Serenissima República de Venecia aprobó un decreto estableciendo que "los judíos debían vivir todos reunidos en una misma zona" y alejados del "corpore civitatis", del cuerpo de la ciudad. El lugar que se eligió para confinarlos y segregarlos fue un terreno en el distrito de Cannaregio, apartado de los centros de poder (léase de la Plaza de San Marco, del Arsenal, de San Pietro di Castello...) y conocido como ghetto porque tiempo atrás había acogido una fundición de metal, un getto en dialecto véneto. Ostenta, pues el dudoso honor de que su nombre se haya convertido en sinónimo de segregación.
Los judíos solo podían abandonar ese recinto durante las horas diurnas y únicamente llevando un gorro de color amarillo que les distinguiera como hebreos. Desde la medianoche hasta el alba estaban obligados a permanecer encerrados en ese perímetro, cuyas dos únicas puertas de acceso eran férreamente custodiadas por guardias cristianos a los que la propia comunidad hebrea estaba obligada a pagar.
El de Venecia fue el primer gueto de la historia de la humanidad y se mantuvo durante casi tres siglos, hasta que en 1797 las tropas de Napoleón dieron fuego a sus portones y pusieron fin al confinamiento de los hebreos que vivían allí encerrados.
Para que no se olvide todo eso y para llamar la atención sobre los varios y nuevos guetos (mentales y físicos) que hoy siguen existiendo, Venecia rememora estos días con un amplio programa de actividades culturales estos los cinco siglos dehistoria ignominiosa.
"Se trata de una conmemoración, no de una celebración", subraya Barbara Del Mercato, miembro de Los 500 años del Gueto de Venecia, el comité hebreo de la ciudad de los canales con motivo de tan significativo aniversario. "Obviamente no se trata de festejar. No hay absolutamente nada que celebrar. ¿Qué vamos a celebrar? ¿Que nos segregaban? Pero sí que es una buena ocasión para reflexionar", apostilla Giuseppe Balzano, miembro de Beit Venezia, una asociación independiente que se dedica a promover el pensamiento, el arte y la cultura judías.
Los actos conmemorativos arrancaron el pasado 19 de marzo con un concierto en el teatro la Fenice de Venecia dirigido por el israelí Omaer Meir Wellber en el que se interpretaron piezas de Mahler, un compositor judío de nacimiento que se tuvo que convertir al catolicismo para poder ser director de la Ópera de Viena y cuya música, según Leonard Bernstein, representaba la quintaesencia del espíritu hebreo.
Y eso fue solo el principio... Shylock, el judío veneciano más famoso del mundo gracias a la obra de William Shakespeare El mercader de Venecia (1596-1598), cobrará vida por primera vez en el escenario donde transcurre su historia: el gueto de Venecia, una zona fascinante donde aún hoy se alzan los pórticos que cada medianoche clausuraban el área y donde se encuentran los edificios más altos de toda Venecia: como sus habitantes no podían expandirse a lo ancho, lo hicieron a lo alto. La obra nunca antes se ha representado en el gueto por motivos obvios: el estereotipo de Shylock recoge los peores atributos que el imaginario popularotorga a los judíos. Pero, coincidiendo con el 400 aniversario de la muerte del Bardo inglés, el gueto acogerá en primicia absoluta varias presentaciones. Será del 26 al 31 de julio, nada menos que en el Campo del Ghetto Nuovo, el corazón del barrio.
Además, el Palacio Ducal de Venecia inaugurará el próximo 19 de junio una importante exposición bajo el título Venecia, los judíos y Europa, 1516-2016, que buceará en la importante, larga y fructífera relación de los judíos con Venecia, el área mediterránea y Europa.
No deja de resultar irónico que el Palacio Ducal de Venecia, de donde salió el decreto para confinar a los judíos, les rinda ahora homenaje. Aunque también es verdad que la decisión de la Serenissima de crear el gueto tuvo lugar en un momento de crisis e inestabilidad económica. Mientras España optaba en 1492 por la expulsión de los judíos, Venecia -muy a la italiana- decidió excluir y a la vez incluir a los hebreos, cuyos servicios y dinero necesitaba.
Porque buena parte de los judíos eran, como Shylock, prestamistas que se dedicaban a esa actividad tras ver cómo les cerraban en la cara las puertas de otros trabajos: desde la Edad Media habían sido expulsados paulatinamente de la mayoría de los gremios, apartados de las profesiones liberales e impedidos a poseer bienes inmuebles. Así, los habitantes del gueto se ganaban el pan fundamentalmente como vendedores de ropa usada, médicos y prestamistas. La usura era considerada "pecado" por la religión católica, pero como para la Iglesia los judíos eran "almas impuras" tanto daba...
El gueto veneciano, aun siendo ignominioso, atrajo sin embargo a numerosos judíos que buscaban un lugar seguro donde vivir. De hecho, durante el Renacimiento y hasta el siglo XVII aquí confluyeron judíos procedentes deAlemania, Italia, España, Portugal, del Imperio Otomano... Un decreto del 2 de junio de 1541 abrió por ejemplo las puertas del gueto a los llamados levantinos, los judíos españoles expulsados que se convirtieron en súbditos del imperio otomano. Los ponentinos (los sefarditas que se habían convertido al cristianismo para evitar su expulsión pero continuaban practicando la religión judía en la clandestinidad, por lo que eran perseguidos por la Inquisición) fueron acogidos a partir del 1589, donde se unieron a los levantinos. En el siglo XVI eran ya unos 5.000 los judíos que vivían en el gueto.
Davide Curiel, de 56 años, es descendiente de uno de esos judíos españoles, como proclama su apellido. "Y sí: comparado con lo que nos hizo España, Venecia nos trató infinitamente mejor. No me malinterprete: nos obligó a vivir aquí, segregados y discriminados, y eso es espantoso, pero en el gueto los judíos disfrutábamos de bastante libertad y podíamos practicar libremente nuestra religión, como lo demuestran las cinco sinagogas que hay en la zona", señala desde el mostrador de la tienda de souvenirs judíos que posee en la Plaza del Gueto, junto al museo hebreo. Porque el gueto, habitualmente ninguneado por los turistas que acuden a Venecia, se ha convertido en los últimos años en una meta de peregrinaje para miles de hebreos.
"¿Nos hace una foto? Estamos de luna de miel, nos acabamos de casar", nos pide en pleno centro del gueto una pareja procedente de Israel. Él lleva la kipá negra, el pantalón negro y la camisa blanca, el uniforme distintivo de los judíos ortodoxos, como otros muchos de los turistas que pululan por la zona. "Para un judío, la visita al gueto de Venecia es importante. Un hebreo viene antes aquí que a visitar la plaza de San Marcos o el Puente de los Suspiros", asegura Davide Curiel. Lo atestiguan los varios negocios de souvenirs típicamente judíos que han florecido en el gueto en los últimos años. O el restaurante Kosher que ha abierto sus puertas. O la panadería del barrio, que anuncia la especialidad: "Dulces judíos".
El gueto, a pesar de todas las restricciones que sufría, tuvo una floreciente vida cultural. La prueba es que de allí salieron obras de importantes intelectuales como Leon Modena, Sara Copio Sullam o Simone Luzzatto. El mismísimo Enrique VIII de Inglaterra se dirigió a los estudiosos del gueto en busca de argumentos religiosos sobre los que sustentar su divorcio de Catalina de Aragón. Y en Venecia se imprimió entre 1520 y 1523 el primer Talmud (principal libro del judaísmo) de la historia. No lo imprimió ningún judío, porque no se les permitía trabajar como impresores. Fue un avispado católico que vio que allí había negocio: Daniel Bomberg. La tercera parte de todos los libros hebreos impresos en Europa hasta 1650 lo fueron en Venecia.
"No hay que confundir el gueto de Venecia con el de Varsovia. El gueto de Venecia, aunque segregaba a los judíos, era un lugar de vida. El gueto de Varsovia era un lugar de muerte", sentencia Giuseppe Balzano.
Con la gran epidemia de peste que sufrió Venecia en 1631, comenzó el declive de la Serenissima y también el de su comunidad judía. La epidemia se llevó por delante a un millar de los 5.000 hebreos que vivían en el gueto. Pero lo peor aún estaba por llegar...
Cuando en 1938 Mussolini promulgó las leyes raciales, en toda Venecia vivían 1.670 judíos. El 9 de septiembre de 1943 las tropas alemanas tomaron el control de Mestre y de Venecia, por lo que a partir de ese momento las leyes raciales fueron interpretadas bajo el prisma nazi de la "solución final". Y todos sabemos lo que eso significaba. Desde luego, lo sabía muy bien el presidente de la comunidad judía veneciana, Giuseppe Jona, quien ocho días después del desembarco de los nazis en Venecia, el 17 de septiembre de 1943, se suicidó tras negarse a entregar a los alemanes la lista de miembros pertenecientes a la comunidad hebrea que estos le reclamaban.
Su gesto fue en vano. De los 8.000 judíos italianos deportados por los nazis a campos de concentración, al menos 200 eran venecianos o procedentes de Venecia, incluido el rabino jefe de Venecia, Adolfo Ottolenghi. De todos ellos solo regresaron a casa ocho.
Un monumento al Holocausto en la plaza del gueto de Venecia recuerda aquellos días trágicos. Y la garita militar situada en un lateral de esa misma plaza y donde desde hace años se dan turno un par de soldados demuestra que el antisemitismo sigue campando a sus anchas hoy en día: el gueto está considerado "objetivo sensible" de un posible ataque terrorista.
El museo hebreo, también en la Plaza del Gueto, está de obras: está instalando undetector de metales en su entrada. Y la vida social y religiosa del puñado de judíos que aún viven en el gueto (una veintena, de los 400 que se cuentan en toda Venecia) se desarrolla fundamentalmente de puertas para adentro, sobre todo por motivos de seguridad.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Iglesia Visigoda de San Pedro de la Nave

Y se hizo la luz artificial en la joya visigótica de san Pedro de la Nave

La iglesia de San Pedro de la Nave estrena iluminación led a los 14 siglos de ser levantada

Interior de la iglesia de San Pedro de la Nave con las nuevas luminarias. / GORKA LEJARCEGI
Cuando la débil luz del sol de invierno se apague por la tarde, será posible seguir contemplando los bellos capiteles historiados de Daniel en el foso de los leones y El sacrificio de Isaac tallados en las piedras del interior de la iglesia de San Pedro de la Nave. Con casi catorce siglos de historia en los que solo la ha iluminado el sol, esta cumbre del arte visigótico español, situada en la localidad zamorana de El Campillo, estrena instalación eléctrica con 13 luminarias de luz led unidas al suelo y que se asemejan a cirios. Estas lámparas se han disimulado detrás de las columnas, en las naves laterales y el altar y recrean el recogimiento con que fue erigida esta obra en torno al 673.
"La nueva iluminación alumbra, con solo 91 vatios, zonas estratégicas del templo de forma tamizada y cálida", señala en una de las naves laterales el arquitecto Jesús Castillo, de la Fundación Santa María la Real, entidad que promueve la recuperación del patrimonio artístico y ha acometido las obras. Además, los cristales de las ventanas se han sustituido por láminas de alabastro que irradian la luz misteriosa y difusa que había en la antigüedad. "Entonces, se colocaban finas pieles de animal para dejar pasar la claridad pero no la lluvia", añade antes de explicar que "en algún momento hubo instalación eléctrica, pero se retiró rápidamente porque rompía el ambiente intimista, no quedaba bien". 
La intervención en este monumento nacional desde 1912 ha incluido la construcción a unos metros de un centro para informar a los turistas, que en breve pagarán un euro por persona para el  mantenimiento del templo. Este nuevo espacio está soterrado "porque se ha querido que no rivalice con la iglesia", dice Castillo. El centro de interpretación acabará con la imagen del vecino abrigado dentro de la iglesia, encargado de abrirla a los visitantes. Desde finales de noviembre, con la inauguración, esa persona estará en el punto de información, ayudado por paneles y folletos.
"En San Pedro de la Nave nos encontramos con bastantes problemas de humedad, provenientes sobre todo del suelo porque había un encintado de losas de hormigón y piedra enterrado alrededor de la iglesia, lo que impedía la evaporación. Esto se realizó en una rehabilitación de 1976 para paliar un problema que al final incrementó". Además, cuando llovía, la iglesia era como un embudo. "Ahora hay un nuevo drenaje bajo el terreno que recoge y desvía el agua".
La iglesia, durante el desmonte para su traslado en 1930. / ARCHIVO FOTOGRÁFICO DE IBERDROLA
Las humedades también se notaban en el techo: "Las vacas podían pastar en el tejado, había una cuarta de hierba", cuenta Braulio Prieto Macías, alcalde de El Campillo, pueblo a 20 kilómetros de Zamora y en el que viven unas 40 personas. "En las cubiertas se generaba condensación, así que se han hecho unas nuevas, ventiladas, que dejan circular el aire", agrega Castillo. En el interior se han instalado ocho sensores para vigilar la temperatura y la humedad.
La Junta de Castilla y León ha pagado dos tercios de los 600.000 euros que ha costado este proyecto, el resto lo ha aportado laFundación Iberdrola, mientras que la Fundación Santa María la Real ha puesto la tecnología para remozar un monumento conocido fuera de España, como bien sabe su párroco, Luis Santamaría. "Vienen de otros países, por ejemplo EE UU, para celebrar misas y peregrinaciones, y en dos ocasiones han acudido parroquias de Rusia. Para ellos es especial porque es un templo anterior a la separación entre ortodoxos y el resto de católicos".
"Las vacas podían pastar en el tejado, había una cuarta de hierba por la humedad", dice el alcalde de El Campillo
Es fácil imaginar que esta iglesia que ahora ve la luz ha vivido de todo. Castillo rememora que se levantó gracias a un noble, pero la construcción se paró por unos litigios de este con el rey visigodo Wamba, que llevó la corona entre 672 y 680. Fueron los herederos de aquel personaje ilustre quienes reanudaron los trabajos trayendo maestros de Toledo. "Por eso se aprecian dos estilos y hay influencia bizantina", apunta Castillo. Aunque en el siglo X se vino abajo, quizás el momento más delicado llegó a mediados de los años veinte del pasado siglo, cuando la entonces compañía Saltos del Duero proyectó una presa en el río Esla. Era necesario anegar varios pequeños pueblos, entre ellos San Pedro de la Nave, donde estaba el templo. Tras un intenso debate entre políticos e ingenieros sobre qué hacer con la iglesia, el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes obligó a la hidroeléctrica, mediante un real decreto en 1926, a costear el traslado piedra a piedra del monumento a su nuevo hogar, aún por decidir.
El Archivo Histórico de Iberdrola —sucesora de Saltos del Duero— atesora en su sede de Muelas del Pan (Zamora) un entretenidísimo informe titulado Edificios urbanos que se inundan, del 1 de marzo de 1930 —meses antes del traslado—, escrito por Vicente Machimbarrena, ingeniero de Caminos de la compañía. "Machimbarrena cuenta que entre las diversas opciones se pensó incluso en transportar la iglesia en una balsa gigantesca por el río hasta su definitiva ubicación. Llegaron a calcular el peso del edificio, unas 300 toneladas", explica la directora del archivo, Yolanda Diego Martín. Al final, el empeño del director general de Bellas Artes, Manuel Gómez Moreno, y el buen hacer del arquitecto del Tesoro Artístico Nacional, Alejandro Ferrant, consiguieron trasplantar la iglesia sana y salva un par de kilómetros, hasta El Campillo.
Cae la noche y un pequeño mando a distancia apaga las nuevas luminarias. Mañana da igual que luzca el sol o pintee con un cielo oscuro. La luz artificial permitirá disfrutar del ornamento interior: cruces, flores, círculos, aves que picotean racimos, un calendario... Y hasta un alquerque —un juego parecido a las tres en raya— que grabaron en la piedra los artistas de San Pedro de la Nave.

Un traslado piedra a piedra en carros

El reto de trasladar en 1930 piedra a piedra San Pedro de la Nave por la construcción de una presa suscitó polémica debido a las dudas de que se llegase a buen puerto. Testimonio de aquella hazaña son las cartas que se cruzaron el director general de Bellas Artes, Manuel Gómez Moreno, defensor de que el templo no acabara bajo las aguas del embalse, y el ingeniero jefe de obras de Saltos del Duero, Ricardo Rubio. "Le agradecería que diese órdenes para que unos obreros hagan zanjas a todo el rededor de la iglesia […] hasta descubrir el cimiento del edificio", le pide Gómez el 31 de julio de 1930. El 13 de agosto Rubio le dice: "De medios de transporte no hemos decidido nada hasta conocer la nueva ubicación […]. Es fácil ponerlo en condiciones de buen tránsito para carros, los cuales convenientemente almohadillados quedarán en condiciones de transportar los materiales sin que reciban daño". El 27 de ese mes, Rubio escribe que "el edificio está en condiciones de que se comience a desmontar".
Sin embargo, las obras se retrasan, a tenor de una carta manuscrita de Gómez de principios de octubre: "Estoy muy disgustado […] apenas se adelanta, las órdenes no se cursan ni las promesas se cumplen. Estamos en otoño y puede de un día a otro hacerse imposible la permanencia allí. Entonces habría que dejarlo para el verano siguiente". Las quejas surten efecto y a finales de mes Rubio le informa: "Se ha desmontado una tercera parte del edificio […] puede confiarse en que la obra estará terminada antes de finalizar el verano próximo".