viernes, 1 de marzo de 2013

Reflexiones sobre el sistema bancario


MIÉRCOLES, 27 DE FEBRERO DE 2013

REVOLUCION FINANCIERA CAPITULO 3


IMPORTANTE LEER ANTES CAPITULOS 1 y 2

PINCELADA ESPAÑOLA

Y mientras, a título  de ejemplo, en España creciendo la cifra de desempleados en forma exponencial, con la cruda realidad que en un país de 46,2 millones de habitantes, 16,4 millones cotizan, entre ellos, 2,7 millones de funcionarios que son parte del costo. Es decir, 13,7 millones produciendo no pueden mantener el sistema.

Es un disparate transformar deuda bancaria privada en deuda pública que nos terminara ahogando.

La banca se defiende diciendo que hay que salvarles para salvar el ahorro privado. No es cierto. Con los fondos de que dispusieron, depósitos de clientes, préstamos obtenidos y capital propio hicieron negocios ruinosos y ahora pretenden que les cubramos las perdidas.

No podemos obviar que los bancos son empresas privadas que como tales, y cegados por lo que veían como suculenta actividad lucrativa, una vez agotados sus recursos, pidieron a bancos extranjeros, no olvidemos que principalmente alemanes y franceses dinero para hacer más inversiones.

Las inversiones les salieron mal, tanto a unos como a otros. Es un problema entre ellos de asunción de riesgo empresarial. De haber salido bien no se habrían planteado repartir beneficios con todos y seria correcta su postura.

Al salir mal las perdidas no pueden ser asumidas por los demás. Es una prueba evidente de intentar socializar las perdidas, cuando no se hace con los beneficios.

Cualquier gobierno que apoye esto, que asuma deuda privada y la cambie por deuda pública, entendemos puede cometer delito de estafa y malversación de caudales públicos.

 No podemos mantenernos inanes ante actuaciones de esta índole. No tenemos derecho a callar trasladándoles el problema a las generaciones futuras.

Empieza a resultar una mala pesadilla. Aun estamos a tiempo de intentar reconducir la situación. Ni un céntimo más para la banca en quiebra.

Es imprescindible emplear los pocos recursos disponibles en la economía productiva a través de una banca pública.

A quien se pretende seguir engañando con la manida frase de que "como mal menor hay que salvar el sistema bancario"

Si no hay dinero no lo hay. ¿Como es posible que no haya dinero para crear empleo manteniendo sanidad y educación y si lo hay para bancos mal gestores que han ido a la ruina?

Que tiene que pasar para dar un giro de 180 grados a las políticas usadas en Europa. ¿Por qué no estaremos esperando a tener el beneplácito de quienes, como Alemania, a corto plazo se benefician de ellas?

Basta ya de despilfarrar ayudando a la banca que no sirve para otra cosa que cubrir pagos a sus acreedores, también bancarios, principalmente Alemanes.

Utilicemos imaginación y recursos destinando medios a la economía productiva.

Digamos aquello de que cada palo debe aguantar su vela. La desastrosa gestión bancaria debe ser asumida por ellos. Las entidades que no puedan continuar su actividad mercantil deberán cerrar.

O retomamos el crecimiento o no existe salida alguna. La deuda que han generado es impagable, por muy duro que resulte reconocerlo. Cuanto más tardemos en verlo más difícil será encontrar la salida.

PINCELADA RESTO DEL MUNDO

Pero como dice el refrán de, éramos pocos y no sé que le pasó a la abuela, mientras al otro lado del atlántico, desde el Imperio, están a lo suyo y de vez en cuando maniobrando para ver si eso del euro se puede cortar de una vez, no vaya a ser qué. Se empieza a despertar el gigante dormido (vuelvo a citar a Napoleón) y se revolucionan los mercados.

China, que tomó debida nota de la caída del muro, con la mayor población del planeta dentro de una misma frontera, se aventura a cambiar sus reglas de juego y se pone, en plan laboratorio, a experimentar con el sistema.

Coge el ganador, y puesto que estamos en la era digital lo copia dentro del que tenía. En principio se le ha de reconocer audacia y originalidad.

Tienen claro que campo interior hay para desarrollarlo pues parten prácticamente de cero. Al fin y al cabo saben que a nosotros nos ha dado juego más de un siglo, así es que a fomentar el consumo interno.

A ello, y como hacemos todos, añaden él, a conquistar mercados exteriores, que tenemos como ventaja los costos laborales y sociales.

Conclusión, podemos decir que no han tenido crisis, porque no olvidemos que la crisis funciona con nuestro sistema, pero el suyo es una mezcla de ambos y no tenemos datos comparativos homologables.

El año 2010 tuvieron un superávit por encima del 10 % del PIB, es decir la otra cara de la moneda americana.

Tengamos en cuenta que EEUU ha ido acumulando un déficit en cuenta corriente constante desde hace más de 30 años, mientras China y los países productores de petróleo no paran de generar excedentes.

La contrapartida a la acumulación de deuda americana ha sido la adquisición de riqueza ahorrada por ellos

Para que la fiesta sea completa, junto a China se apuntan como emergentes Rusia, India y Brasil, sumando los cuatro una población de 2.700 millones con lo que vemos que empieza a cambiar el mundo, el club privilegiado del 15 por ciento pasará ya a ser superior a la población de la mitad del planeta. Y mientras nosotros pensando en soluciones para el 15 por ciento.

Como colofón añadamos al cóctel los denominados famosos tigres asiáticos, mas Japón, la impronta de los países del golfo y el incipiente despertar de África y América latina.

QUE PODEMOS HACER

Llegados a este punto, cabría preguntarse ¿Qué podemos hacer?

Enunciada así, la pregunta es bastante difícil de responder, pero podríamos empezar por despejar la incógnita e intentar simplificarla, para a partir de ello, como en cualquier formulación matemática, avanzar en su resolución.

Empecemos por intentar, dentro de este laberinto, consensuar que es lo que no debemos hacer y tal vez podamos sorprendernos gratamente al ver que la salida existe.

Hasta ahora, se intentan aportar soluciones tirando de manual, sea este más o menos ortodoxo.

Según criterios académicos, más o menos dogmatizados, se procura aplicar recetas utilizadas con anterioridad en función de las variables manejadas o de datos obtenidos o proyectados a futuro con formulas conocidas.

Se extrapolan simulaciones, etc, pero todo, absolutamente todo, sin cuestionar el sistema.

Cuando se alza alguna voz al respecto, rápidamente impera la ortodoxia, cortándola de raíz, bien por radical, bien por panfletaria.

Es decir, como si el médico ante un cuadro clínico desconocido, viendo que el enfermo no reacciona, se empeñase en “el libro dice lo que dice”.

Aunque difícil de entender por la praxis de la clase política dominante, parece que en principio no sería descabellado pensar que no debiéramos seguir aplicando una política económica totalmente equivocada obsesionada en un control a ultranza del déficit que no hace sino acrecentar el disfuncionamiento del sistema, máxime cuando se pretende conseguir en plazos de tiempo de difícil asunción social.

Cierto que acotar y reducir el mismo es necesario, tanto en este como en cualquier otro sistema, por puro sentido común y de eficiencia, pero, en ningún caso a cualquier precio.

Posiblemente una de las mayores lecciones de la situación actual lo sea, independientemente de cualquier otro factor, la necesidad de evitar despilfarrar y gestionar costos de manera rigurosa con la visión puesta en la sostenibilidad del propio planeta.

Además, llegado a este punto tendríamos que ponderar ciertas premisas a saber:

No podemos asumir como déficit del Estado lo que es privado, en un 90 % bancario.

No podemos seguir respaldando y avalando deuda bancaria por deuda de todos.

No podemos socializar las perdidas cuando el sistema no permite socializar los beneficios.

El aceptar que como mal menor hay que rescatar al sistema bancario, es ir contra el libre mercado que tanto nos gusta recordar.

Estamos convirtiendo deuda privada en pública por unas cuantías imposibles de asumir y ello estáarrastrando a la quiebra del Estado.

Tenemos que determinar quien debe regir los gobiernos, si los representantes de la población o los consejos de administración de lobby privados.

Ante la desastrosa situación a la que han llegado la mayoría de bancos, principalmente debido a su pésima gestión, su falta de escrúpulos, en muchos casos, su falta de visión en riesgos asumidos, respaldados en la seguridad de su fuerza para imponer su rescate, su avaricia en emplear el dinero gestionado participando directamente en todo tipo de actividades, así como la permisividad y falta de control en la ingeniería financiera utilizada con la existencia de paraísos fiscales a medida, lo que no podemos hacer es tabla rasa y apoyo a ultranza,.

Muy al contrario la solución pasa por cubrir estrictamente los depósitos bancarios de clientes e impositores, dejando al riesgo y ventura de los accionistas los resultados de su gestión, como se hace en cualquier actividad mercantil.

Si queremos salvar a alguien que se está ahogando no podemos hacerlo como él quiere, pues nos ahogaremos con él.

Tiene que crearse una banca pública que haga de freno al desenfreno para a través de ella proveer de financiación a la economía real productiva, garantizando la función básica de la banca de dar préstamos.

Tiene que regularse la banca privada, separando nítidamente, lo que es banca comercial y banca industrial, en base a una eficaz información al ciudadano, a quien habría que trasladar el mensaje de "tus depósitos en un banco comercial están garantizados, si quieres mas plusvalías tienes la banca industrial, pero será tu riesgo".

La deuda del sistema bancario es virtual y me explico. La ingeniería financiera utilizada en base a derivados, titulizaciones de paquetes de "burbujas" es tan desproporcionada que no existe contraprestación en moneda emitida capaz de cubrir la misma.

Por tanto, empeñarse en seguir queriendo solucionar un problema real de forma virtual solo lleva a llegar a soluciones de maquillaje y apuntes contables sin contrapartida real alguna. Cuanto más tardemos en verlo más difícil será la salida.

El sistema no puede funcionar si no tiene circulante y este se encuentra retirado, en poder de un escaso uno por ciento de la población a quien habrá de convencer, como mal menor, y formulas hay para ello, para que lo deje circular.

De no ser así habrán de tomarse medidas drásticas en beneficio de la inmensa mayoría de la población que no aguantara mucho más tiempo una situación de impotencia e indefensión ante tal acumulación de capital en tan pocas manos.

Mientras el sistema ha aguantado en su esquema de ingeniería financiera piramidal permitiendo la acumulación del mismo y sus plusvalías en cada vez menos manos pero sin afectar ni percibirse por la mayor parte de la población todo ha ido funcionando, de forma aparente normal.

La codicia financiera ha llegado a tal nivel que solo veían el incremento desmesurado de plusvalías, sin pararse a pensar que no estaban sustentadas en base real alguna.

Papel dinero generando más papel y agotado este simplemente bastando su apunte virtual contable.

La punta del iceberg surge cuando estalla la crisis suprime en EEUU desencadenando un torbellino en espiral que deja al descubierto, en toda su crudeza, los falsos cimientos del sistema.

Es a partir de entonces cuando no puede mantenerse por más tiempo el juego y queda al descubierto la falta de circulante en moneda emitida capaz de soportar la magnitud del problema.

Ante semejante situación, quienes detentan y poseen el circulante, ante el miedo a perderlo, filtran las tesis de austeridad y recortes que tan gravemente están afectando a todos los estamentos sociales.

Puesta en marcha la maquinaria mediática propagandística empieza a alterar cierto status quo existente en las denominadas clases medias, que por otra parte han sido imprescindibles hasta el momento para mantener el invento.

A medida que se va profundizando en la magnitud del problema va aflorando la inviabilidad de mantener privilegios a ultranza pues el quebranto que se causa a la mayoría es insoportable y empiezan las contestaciones sociales que llegaran a situaciones límite de no cambiarse las posiciones actuales.

Los Estados modernos nunca debieran tener deuda, pues tienen el poder de emitir moneda, lo que tienen que tener es la responsabilidad que ello conlleva y por tanto saber calcular sus actos.

Deben suprimirse totalmente, sin excepciones, los llamados paraísos fiscales. Solo benefician a la acumulación de capital que sistemáticamente es detraído de la circulación financiera en la economía real.

Son la base de partida de las inversiones especulativas contra el sistema en su conjunto, además de fraude generalizado contra las Haciendas Públicas.

¿Porque permitir a las grandes corporaciones, a las empresas transnacionales, a las grandes fortunas, no pagar los impuestos que les corresponde?

 De no hacerlo terminaran dinamitando todo consiguiendo incluso que se vuelva contra ellos y termine en su propia asfixia.

Hay que regular la, denominada en su conjunto, ingeniería financiera reduciéndola exclusivamente al ámbito de la banca de inversión, exigiendo una previa información sobre cualquier producto o derivado a comercializar.

En su regulación es imprescindible suprimir la opacidad de cualquier producto que pudieran ofrecer.

Se deben prohibir las actuaciones conocidas como posiciones en corto radicalmente.

Asimismo no podrán realizarse operaciones en base a futuros con respecto a energías y producciones de alimentos.

La economía de mercado necesita controles y reglas, máxime en el sector financiero, donde los Estados han sufrido al respecto una especie de ceguera colectiva.

Se han dejado presionar por lobby y corporaciones con intereses excesivamente partidistas.

Para implementar lo anterior será necesario crear una Agencia de Clasificación pública, que en ningún caso pueda contratar sus servicios de forma privada.
 
La misma podría financiarse de un impuesto a aplicar a las transacciones financieras, de tal forma que se garantizara su total independencia.

La misma respondería de sus informes y evaluaciones como tal con la responsabilidad profesional solidaria de los técnicos emisores de los mismos.

Paul Samuelson decía en 2008 y cito literalmente:

“Dejen sitio en el Juzgado para las tres grandes agencias de clasificación: Fich, Moody's y Standard Poor's. Se supone que solo dan aprobaciones AAA al material seguro. Pero si una de las tres se volviera objetivamente veraz, las otras dos se quedarían con todo el negocio. Eso apesta a conflicto de intereses."

Necesitamos urgentemente un nuevo Bretton Woods, que sirva como en 1944 para adoptar las medidas e iniciativas para reformar el sistema en todo lo necesario.

Al igual que entonces debería recurrirse a reunir aquellas personas idóneas para la búsqueda de las soluciones pertinentes, rehuyendo prejuicios ideológicos y olvidando aplicaciones del manual por el manual.

En nuestro mundo globalizado no encajan muchas de las viejas recetas. Empeñarse en ello nos abocara a situaciones límite de incalculables consecuencias.

Abordar con mente abierta los cambios a efectuar en el FMI y BM, no obviando la necesidad inaplazable, a pesar de las presiones políticas en contra, a la búsqueda de una cesta de monedas que a nivel mundial establecieran un elemento de giro como moneda base en todas las transacciones internacionales.

Dicha cesta estaría formada, como mínimo, por dólar, euro, remimbi, rublo y yen a un tipo de cambio fijo e inalterable que permitiera armonizar las fluctuaciones de forma definitiva. Por muy quimérico que parezca, no abordar esta cuestión dejaría fisuras capaces de frustrar cualquier cambio.

No podemos seguir empeñados en luchar contra la inflación en base a dígitos que parecen nos vengan impuestos por designio divino, es mas y aquí viene el órdago para quien lo que dice el libro es sacrosanto, necesitamos incrementar la misma.

Ante una situación de apalancamiento excesivo de deuda, tanto privada como publica, que colapsa el sistema pues termina auto fagocitándose, no podemos incidir en una política de abaratamiento de salarios en base a una supuesta competitividad.

Competitividad ¿con quién?

Cuando en la década de los setenta las multinacionales descubrieron la deslocalización, que permitía fabricar en los países con mano de obra barata para vender en aquellos con más poder adquisitivo, creyeron encontrar la panacea, y lo era, pero no la que creían.

Se puso de manifiesto que funciona cuando existen desigualdades tan evidentes, pero en un mundo globalizado solo sirve durante un tiempo para los países más desarrollados que durante ciertos años mantienen su capacidad adquisitiva.

Llegado el momento, como empieza a ocurrir actualmente, cuando el consumo cae por paro excesivo, por endeudamiento alto, los mercados "ricos" no pueden seguir comprando y la producción en las nuevas ubicaciones ha de destinarse a mercados internos, que necesitan a su vez subir sus salarios para poder tener poder adquisitivo y comprar. En este contexto pretender competir en base a salarios no funciona.

Si a un empresario que tiene un pago mensual de un millón de euros en nominas le preguntasen;¿Quiere que apruebe un decreto para que pague la mitad de nominas?, lo normal es que respondiera afirmativamente.

Pero si le dijéramos, "vale a partir de mañana bajaremos el sueldo en todas las empresas a la mitad", lo normal es que respondiera que no le interesa porque si la gente tiene salarios bajos, ¿A quién va a vender sus productos?

Como solución transitoria, y solo a los efectos de tener el tiempo suficiente que conllevara un cambio de sistema productivo, y para ello se necesitaran generaciones, creemos necesario potenciar el consumo y paralelamente bajar los niveles de deuda en base a elevar el objetivo de inflación al 6 % anual durante los próximos 5 años en los países con afección sistémica más acusada.

De forma paralela coordinada se debe proceder a la emisión de moneda destinando la misma, por una parte a obra pública que cree empleo y permita posteriormente la recuperación del sector privado y por otra al saneamiento en un 60 %, como mínimo, del endeudamiento público, amortizando deuda, como medida de choque para anular la reacción del capital acumulado.

En definitiva seria como pedirle al 1 %  de la población que atesora la mayor parte de moneda emitida, que aportase esa misma cuantía en impuestos, cosa que evidentemente no hará de forma voluntaria.

Esto conseguiría los mismos objetivos que una devaluación del mismo tipo, siempre que se acompañase de un control riguroso de precios en alimentación y servicios básicos tales como suministros de agua, electricidad y gas, de tal modo que el Estado pudiera intervenir en el mercado de producirse alteración de precios con la importación de contingentes reguladores.

De esta forma, al contrario de las medidas adoptadas hasta la fecha, se conseguiría proteger a la mayor parte de la población de los efectos inflacionarios básicos.

Esta medida supondría dejar en manos de los países emergente, con China a la cabeza, el tirar de la economía mundial, y ello tendría que pasar por un acuerdo que lo permitiera.

Por una parte estarían las objeciones de EE.UU en cuanto a tener que compartir su estrategia política de dominio y por otro la propia China a quien le afectaría por sus elevados depósitos en dólares que devaluaría.

Pero permitiría, al conseguir desapalancar la deuda en, al menos un 50 %, estabilizar la morosidad y reactivar el empleo, además de sacar a circular los depósitos en manos minoritarias, con lo que volvería a funcionar el sistema.

Posibilitaría que la población en países en vía de desarrollo pudiera acceder a las cotas de bienestar posibles con el sistema en vigor al ir gradualmente mejorando la forma de vida de millones de personas e ir igualándolas a las que hasta ahora alcanzo el 15% privilegiado.

Este por el contrario, debería adaptarse a mantener lo conseguido aunque esto supusiera mantener el status quo sin avances significativos.

Hasta ahora nos daba igual la pobreza y miseria de la mayor parte de la población, solo nos hemos preocupado de nuestro acomodo, no nos habíamos planteado que en un mundo común no es posible mantener una desigualdad tan manifiesta.

Resulta hiriente y debiera hacernos pensar que solo nos hemos dado cuenta cuando nuestra posición privilegiada se resiente y comprobamos que necesitamos mejorar su nivel de vida por propia conveniencia.

Hace unos años, comentando con cierta persona considerada progresista, que como era posible que Unicef llevara dos años pidiendo una inversión de treinta mil millones de dólares para acabar con el hambre infantil en zonas deprimidas y no se le facilitaba un céntimo alegando la falta de recursos y en cambio ante la quiebra financiera en EEUU, el presidente Buch había volado para ayudar a la banca con setecientos mil millones de dólares.

 La respuesta fue, " seamos sensatos, hablemos de cosas seria, estamos hablando de economía." Ante tal insensibilidad pensé que el mundo había llegado a su nivel más bajo de podredumbre.

Posibilitar el crecimiento en dichos países, en conjunto daría tiempo a plantearnos a qué tipo de sociedad futura aspiramos, permitiendo ir introduciendo los cambios necesarios, pues la actual nos guste o no tiene fecha de caducidad.
 
                                                                                             CONTINUARA

jueves, 28 de febrero de 2013

DEBERES SI, DEBERES NO


Rebelión contra los deberes para casa

Los padres franceses se declaran en huelga de tareas escolares contra la degradación de la escuela pública. Los expertos creen que sirven en pequeñas dosis


Casi un tercio de los alumnos españoles de primaria dedica a hacer deberes más de dos horas diarias. / GETTY
Los deberes están prohibidos en la escuela primaria francesa (de 6 a 11 años, igual que en España) desde 1956, cuando el Ministerio de Educación aprobó una circular en ese sentido. Pero los profesores siguen imponiendo a los alumnos más pequeños que realicen tareas en casa. Desde el 26 de marzo, decenas de miles de padres y colegiales franceses han dicho basta. La Federación de Consejos de Padres de Alumnos de Francia (FCPE) ha convocado una huelga de deberes de dos semanas para protestar contra los “trabajos forzosos” fuera del horario lectivo. Los deberes, argumentan, no sirven para nada, son antipedagógicos, causan tensiones en la familia obligando a los padres a ejercer de profesores, alargan innecesariamente la jornada de seis horas diarias, impiden a los niños dedicar el tiempo a la lectura, y aumentan las desigualdades entre los alumnos que pueden beneficiarse de la ayuda de su familia y los que no.
La asociación mayoritaria de padres y madres de alumnos en España, Ceapa, comparte muchas de esas ideas y por eso lanzó un comunicado de apoyo en el que dicen que se están planteando hacer algo similar.
Hay un gran abanico de tareas que los profesores mandan a los estudiantes para que hagan en casa, fuera del horario lectivo —trabajos, ensayos, lectura de libros, ejercicios de matemáticas o análisis morfológicos de palabras—, y parece difícil de discutir que para adquirir cualquier habilidad sea de alguna manera beneficiosa su práctica. Pero el debate sobre si los deberes tienen más efectos positivos o negativos, sobre todo si son tantos que sobrecargan la vida del alumno, recorre desde hace años muchos sistemas educativos de todo el mundo, de Estados Unidos a España. El año pasado, el Consejo Escolar de Navarra se pronunció sobre ello a petición del Defensor del Pueblo.

El Consejo Escolar navarro zanjó el
debate dando pautas para los trabajos
A pesar de la controversia científica, que no deja claro hasta qué punto sirven los deberes para la mejora del rendimiento, decía en un texto, “es un hecho que las tareas escolares o deberes están arraigados en nuestro entorno escolar de forma secular. [...] Parece que, en principio, existe el consenso en nuestra comunidad docente de que las tareas sirven para inculcar al alumnado el valor del esfuerzo personal y de la responsabilidad en su formación y educación”, concluyó. Así que se limitó a dar una serie de recomendaciones sobre las características que deben cumplir las tareas escolares para casa, como, por ejemplo, ser motivadoras, no causar discriminaciones ni usarse nunca como un castigo.
Sin embargo, los más firmes detractores de estas tareas creen que deberían desaparecer, por lo menos en la escuela primaria. En Estados Unidos, es constantemente citado en las filas de los enemigos de esas tareas para casa el libro Causa contra los deberes (The case against homework). Una de sus autoras es Sara Bennett, una madre estadounidense que emprendió hace años su particular lucha:
“Hay muy pocas evidencias que relacionen los deberes con mejores resultados, especialmente en los primeros cursos de la educación, y aun así dedican mucho tiempo a esas tareas en casa. Cuando los niños son pequeños, son incapaces de hacer los deberes ellos solos, con lo que al final lo que aprenden es a depender de sus padres. Así, en vez de aprender la automotivación, disciplina y responsabilidad (como dicen quienes los defienden), lo que aprenden es a depender de otros y a motivarse solo a base de negociaciones y castigos”, escribe Bennett por correo electrónico.

“Los niños necesitan tiempo para jugar y socializar”, señala una especialista
La asociación de padres española Ceapa dice que la escuela se ve obligada a sobrecargar a niños y niñas de unas tareas que, en realidad, “deberían haber trabajado en la escuela”, se quejan de que es una práctica “poco motivadora y alejada de la cultura audiovisual en la que han crecido” y que provocan desigualdades sociales: “Mientras unos padres intentan ayudar a sus hijos, otros recurren a clases particulares o academias, otros muchos no tienen ni el nivel educativo ni el dinero para poder pagar esos apoyos”.
Jean Jacques Hazan, presidente de la FCPE, explica a este diario que “muchos profesores, sindicatos e inspectores de educación se han sumado a la protesta y a la discusión porque los deberes son uno de los síntomas de la degradación que vive la escuela pública en Francia”. Según Hazan, “el tiempo lectivo está muy mal organizado, y los deberes solo añaden un trabajo suplementario de repetición que no ayuda a los alumnos a entender las materias. Si uno no ha entendido la lección en clase con el profesor, será un milagro que la aprenda en casa solo o con sus padres. Hace falta que los niños enseñen en casa lo que han aprendido en el colegio y no que enseñen en clase lo que han hecho en casa”.
La huelga de deberes, que a algunos quizá les suene a broma y que ha sido rechazada por el ministro de Educación, Luc Chatel, como una iniciativa “demagógica”, tiene una profunda lectura política y ha reabierto el debate sobre la escuela pública en plena campaña electoral para las presidenciales francesas. La federación de padres de alumnos, que actúa como un grupo de presión, ha invitado a algunos candidatos para analizar en detalle su programa educativo.

Sus defensores aseguran
que sirven para inculcar
el valor de esfuerzo
Aunque su asociación no ha dado consigna de voto, el líder de la FCPE explica que “el mandato de Sarkozy ha sido catastrófico para la educación republicana, seguramente el peor de la historia. Ha aplicado a la enseñanza su lema ‘trabajar más para ganar más’, una filosofía totalmente errónea y antipedagógica. Ha suprimido 80.000 profesores en cinco años, más del 10% del total, y ha denigrado profundamente la escuela pública reduciendo a la mitad el gasto para niños con problemas y suprimiendo del todo la formación de los maestros. Hoy basta un título de Física para dar clase de Física en un colegio sin tener la más mínima noción de pedagogía o de psicología. Tenemos profesores con un máster de su especialidad que son incapaces de transmitir conocimientos”.
La corriente cuasi global de recortar los presupuestos de la escuela pública, que forma parte del ideario de la derecha neoliberal y que en algunos países del sur de Europa ha corrido en paralelo al aumento de los beneficios y las ayudas a la Iglesia católica, ha tenido en la laica Francia características propias, explica Hazan. “Aquí la Iglesia pesa menos que en España o en Italia. Pero somos la segunda potencia de la zona euro y la quinta del mundo y hemos reducido el gasto educativo en 15 años desde el 7,5% del PIB al 6,5%. Además, se han reducido 150.000 plazas de guardería, y se ha favorecido todo lo posible el sistema privado. El negocio de las academias de refuerzo ha florecido de forma extraordinaria, mientras la imagen de lo público se derrumbaba”.
De hecho, el debate que plantea la Ceapa en España (donde las plantillas de profesores se ha reducido en miles y los presupuestos de enseñanza han perdido más de 3.000 millones en dos años) también más allá de los deberes, explica Jesús María Sánchez, presidente de la confederación de padres. De hecho, recuerda que en su nota al respecto reclamaban reformar el currículum educativo para que sea más motivador, atractivo, práctico y adaptado a la sociedad del siglo XXI; y más programas de refuerzo educativo por las tardes en las propias escuelas, como el PROA, que por cierto hoy peligra por los recortes en los presupuestos en educación.

“Si son pequeños, solo
aprenden a depender de
otros”, se queja una madre
Pero, aunque la discusión vaya más allá, tampoco hay que olvidar que el debate sobre los deberes existe y se reaviva periódicamente con gran encono entre las partes. A la federación de padres de la escuela católica, Concapa, le parece una locura y una “gran irresponsabilidad” cuestionar esas tareas con una huelga, dijo la asociación en una nota.
Los padres de Ceapa, por su parte, piden que las tareas fuera de clase sean formación complementaria en bibliotecas o museos, con tareas de lectura, investigación y utilizando las tecnologías de la información y la comunicación; y que además se puedan hacer sin ayuda de un adulto. Además, lo que critican, más que su existencia, es sobre todo su exceso: “En los últimos años se ha incrementado el tiempo que los menores han de dedicar en casa a realizar las tareas escolares, lo que demuestra que la escuela no responde adecuadamente a las necesidades educativas”. Aunque no se sabe si la situación ha cambiado mucho en los últimos cinco años, lo cierto es que entre 1997 y 2007 la dedicación diaria a los deberes escolares de los chicos y chicas de primaria ha ido aumentando. Mientras los que dedicaban menos de una hora (incluidos lo que hacen nada) a esas tareas pasaron de ser el 37% al 20%; los que dedicaban entre una y dos horas, aumentaron del 40% al 48%; y los que estaban más de dos horas del 23% han pasado al 32%.
Si se consulta a uno de los especialistas que más han estudiado la eficacia de hacer deberes para conseguir mejores notas, el profesor de la Universidad de Duke Harris Cooper, a pesar de que los detractores de las tareas le citan constantemente, lo cierto es que no habla de eliminarlos, sino de limitarlos. “Los alumnos que hacen deberes parecen tener mejores resultados que los que no, pero solo en cantidades apropiadas a su desarrollo”, dice Cooper, aunque advierte que tampoco hay que poner demasiada fe en que los resultados mejoren espectacularmente.

Sus detractores dicen que causan tensiones en la familia y obligan a los padres a ser profesores
Cooper ha repasado las investigaciones hechas sobre el tema y explica que, según parece, los deberes son más eficaces en la secundaria que en la primaria porque los pequeños tienen más dificultades para vencer todas las distracciones que tienen alrededor en casa; mientras los mayores, además, son capaces de dedicarle más tiempo a las tareas más difíciles (los pequeños lo dejan).
Una de las quejas de los padres de Ceapa es precisamente la lucha y el conflicto que supone en las familias perseguir a los chavales para que hagan los deberes. “Crean tensiones entre padres e hijos. Muchas veces, para poder hacer los deberes se quedan sin jugar, por lo que generan rechazo. Es cierto que los niños y niñas tienen que saber cuáles son sus obligaciones, pero también deberían tener tiempo para jugar”.
Precisamente a esto se refiere la profesora de Educación de la Universidad de Nueva York Diane Ravitch: “Las tareas no deben ser excesivas. Los niños necesitan tiempo para jugar y socializar con los amigos. Para los niños en los primeros cursos, no más de 10 minutos al día. En ningún caso debe exceder las dos horas diarias al final de la primaria”. Pero Ravitch añade además por correo electrónico una firme defensa de ciertos tipos de tareas: “Algunos deberes pueden ser buenos, como leer libros, escribir ensayos y también ficción o elaborar proyectos de ciencias”.

Muchos psicólogos alertan del aumento del estrés de los  niños con la agenda saturada
En todo caso, el profesor Cooper no cree que la pregunta correcta que se deben hacer profesores y padres en este debate es si las tareas escolares tienen más efectos positivos o negativos: “Ambos pueden ocurrir. Para evitar los efectos negativos, debería evitarse cantidades muy grandes de deberes, pero también dar flexibilidad a los profesores para tener en cuenta las necesidades y circunstancias únicas de cada uno de sus alumnos”, añade. Recuerda, además, que más tiempo no tiene por qué ser mejor: quizá un alumno tarde mucho más en hacer los deberes porque aún lo ha aprendido bien y le está constando mucho.
En España, recordemos que casi un tercio de los alumnos de primaria excede ese tiempo de dos horas diarias que señala como límite lógico la profesora Ravitch. Además, en los últimos años muchos expertos en psicología, como la Sociedad Española de Psiquiatría, han alertado del aumento del estrés entre unos niños cuyas agendas no dejan de crecer. Aparte del colegio, más del 90% de los alumnos españoles de enseñanza obligatoria (de 6 a 16 años) desarrolla alguna actividad extraescolar, y algo más de la mitad, dos o más a la semana.
Preguntado hace unas semanas el catedrático de Sociología de la Complutense Julio Carabaña sobre la cultura del esfuerzo, comentaba con algunos compañeros que, en realidad, en la escuela española lo que hay hoy es “una cultura del estrés”. “Cuando yo era estudiante, no me ponían deberes; ahora los alumnos están saturados”, afirmaba.
Diario El País

sábado, 22 de septiembre de 2012

La verdad sobre la crisis economica de España

HA TENIDO QUE SER UNA PERIODISTA ALEMANA LA QUE PONGA EN CLARO LA SITUACIÓN EN ESPAÑA. 


 Artículo publicado en varios periódicos alemanes por su corresponsal en España:

 Hoy, 6 de septiembre, se encuentran en Madrid los gobiernos de Alemania y España, acompañados de un nutrido grupo de empresarios, y donde seguro hablarán sobre las condiciones para poder otorgar más ayudas financieras a España o a su sistema bancario. En los dos lados se ha elevado el tono en los últimos meses y es con gran expectación que España espera ahora la decisión que va a tomar el Tribunal Constitucional alemán, que esa sí es crucial, el día 12, sobre la conformidad o no del rescate europeo y las obligaciones derivadas para los alemanes. En Alemania crece la critica contra la supuesta "mentalidad de fiesta" de los españoles; en España los medios cada vez son más negativos con la supuesta dureza de la canciller Merkel. Pensamos que la situación es mucho más compleja de lo que presentan ambos gobiernos y la mayoría de los medios. España no es Grecia, pero España puede ser un paciente crónico si Alemania, junto con Europa, no contribuye a solucionar sus verdaderos problemas. España no debería recibir más dinero sin que se cambie a fondo el sistema político y económico, hoy en manos de una oligarquía política aliada con la oligarquía económica y financiera, y sin que se aumente la participación ciudadana real en las decisiones políticas. Para no perpetuar la crisis y endeudar a los españoles durante generaciones, el Gobierno español debe reformar a fondo la administración de las comunidades autónomas y los ayuntamientos, en su mayoría en bancarrota y completamente fuera de control, sometiendo a referéndum el modelo de Estado. Este tema es la clave del futuro de España, porque las regiones, ayuntamientos y diputaciones son los responsables de los dos tercios del gasto público -234.000 millones frente a 118.000 el Estado en 2011-, excluyendo la Seguridad Social -23.000 millones-, y este gasto se realiza en condiciones de descontrol, despilfarro y corrupción totalmente inaceptables. Las razones verdaderas de la crisis del país, en consonancia con lo dicho, nada tienen que ver con salarios demasiado altos -un 60 % de la población ocupada gana menos de 1.000 euros/mes-, pensiones demasiado altas -la pensión media es de 785 euros, el 63% de la media de la UE-15- o pocas horas de trabajo, como se ha trasmitido a veces desde Alemania. A España tampoco le falta talento, ni capacidad empresarial ni creatividad. Tiene grandes pensadores, creativos, ingenieros, médicos excelentes y gestores de primer nivel. La razón de la enfermedad de España es un modelo de Estado inviable, fuente de todo nepotismo y de toda corrupción, impuesto por una oligarquía de partidos en connivencia con las oligarquías financiera y económica, y con el poder judicial y los organismos de control a su servicio. En España no existe separación de poderes, ni independencia del poder judicial, ni los diputados representan a los ciudadanos, solo a los partidos que los ponen en una lista. Todo esto lleva también a una economía sumergida que llega al 20% del PIB y que frena la competencia, la eficacia y el desarrollo del país. Además, detrae recursos con los que podrían financiarse educación y sanidad. Las ayudas para España, igual que para otros posible candidatos de rescates, no deben ir a bancos ya casi en bancarrota y fuertemente politizados. En la CAM, el Gobierno ha comprometido 16.000 millones de dinero público en lugar de cerrarla; en Bankia, 23.000, y el Ejecutivo acaba de darle 5.000 millones urgentemente para cubrir pérdidas en vez de cerrarla, y además de forma tan extraña que despierta todo tipo de recelos. ¿Por qué se ha utilizado el dinero de los españoles (FROB) en vez de esperar los fondos de la UE? Es lícito suponer que la razón es la siguiente: los bancos no quieren que la UE investigue sus cuentas. Control estricto y duras condiciones. Ya el caso de Grecia ha demostrado que las ayudas europeas tienen que estar vinculadas a un control estricto y condiciones duras. Esas condiciones no pueden solamente representar recortes sociales o subidas brutales de impuestos, como hace ahora el Gobierno de Mariano Rajoy con la excusa de Europa . Se tiene que cambiar más en España que cortar gasto social, que de todos modos es mucho más bajo que en Alemania, y hay otros gastos infinitamente más relevantes que se pueden eliminar. Además, los casos de corrupción resultan tan escandalosos, incluso en el propio Gobierno, que uno solo puede llegar a una conclusión: el dinero de Europa no puede ser manejado por personas tan increíblemente venales. La pasada semana el ministro de Industria Soria -imputado también por corrupción urbanística en Canarias- acusó al ministro de Hacienda en el Consejo de Ministros de favorecer descaradamente a la empresa líder de renovables, Abengoa, de la que había sido asesor, en la nueva regulación de estas energías, que reciben más de 7.000 millones de euros de subvenciones anualmente. Y Rajoy, al que entregó una carta probatoria, ni dijo ni hizo absolutamente nada. No puede permitirse por más tiempo este nivel de corrupción, y menos aún a 17 regiones funcionando como estados independientes, con todos los organismos multiplicados por 17, desde 17 servicios meteorológicos a 17 defensores del pueblo, con 200 embajadas, 50 canales de TV regionales en pérdida, 30.000 coches oficiales o 4.000 empresas públicas que emplean a 520.000 personas, creadas específicamente para ocultar deuda y colocar a familiares y amigos sin control ni fiscalización alguna. En conjunto, unos 120.000 millones, equivalentes al 11,4% del PIB, se despilfarran anualmente en un sistema de nepotismo, corrupción y falta de transparencia. Y con esto se tiene que acabar, entre otras cosas, porque ya no hay dinero. Los últimos datos de las cuentas públicas conocidos la pasada semana son escalofriantes. El déficit del Estado a julio ascendió al 4,62% del PIB, frente a un déficit del 3,5% comprometido con la UE para todo el año (del 6,3% incluyendo regiones y ayuntamientos). Pero lo realmente inaudito es que España está gastando el doble de lo que ingresa. 101.000 millones de gasto a julio frente a 52.000 millones de ingresos, y precisamente para poder financiar el despilfarro de regiones y ayuntamientos, que no están en absoluto comprometidos con la consolidación fiscal. El tema del déficit público es algo que roza la ciencia ficción, y que ilustra perfectamente la credibilidad de los dos últimos gobiernos de España. En noviembre de 2011, el Gobierno dijo que el déficit público era del 6% del PIB; a finales de diciembre, el nuevo Gobierno dijo que le habían engañado y que el déficit era superior al 8%, y que se tomaba tres meses para calcularlo con toda precisión. A finales de marzo, se dijo que definitivamente era del 8,5%, y ésta fue la cifra que se envió a Bruselas. Dos semanas después, la Comunidad de Madrid dijo que sus cifras eran erróneas y el Ayuntamiento de la capital igual… el déficit era ya del 8,7%. Sin embargo, la semana pasada el INE dijo que el PIB de 2011 estaba sobrevalorado y, con la nueva cifra, el déficit era del 9,1%; dos días después, Valencia dijo que su déficit era de 3.000 millones más; o sea, que estamos en el 9,4% y las otras 15 CCAA y 8.120 ayuntamientos aún no han corregido sus cifras de 2011. Lo único que sabemos es que están todas infravaloradas. El déficit real de 2011 puede estar por encima del 11%, y en 2012 se esta gastando el doble de lo que se ingresa. Como dice el Gobierno de Rajoy, “estamos en la senda de convergencia”. Y es verdad… de convergencia hacia Grecia. Claramente, la joven democracia española tiene todavía muchos déficits de representatividad y de democracia que deberían interesar a la canciller Merkel y también a Europa, si queremos evitar una Grecia multiplicada por cinco y salvar el euro. Esto es lo que ha hecho posible el despilfarro masivo de las ayudas europeas, con una asignación disparatada de las mismas, a pesar de que estas ayudas han supuesto una cifra mayor que la del Plan Marshall para toda Europa. Es frustrante que a causa de este sistema oligárquico nepotista y corrupto se destroce talento y creatividad y que ahora muchos jóvenes se vean forzados a trabajar fuera, muchos en Alemania. Esa situación nos ha llevado a una distribución de riqueza que es de las más injustas de la OECD. La antaño fuerte clase media española está siendo literalmente aniquilada. Resumiendo: no es una falta de voluntad de trabajo, como se piensa tal vez en algunos países del norte de Europa, lo que hace que España sufra la peor crisis económica de su Historia. Es un sistema corrupto e ineficiente. La crítica del Gobierno alemán y sus condiciones para un rescate de España se deberían concentrar en la solución de esos problemas. En caso contrario, solo conseguirán que una casta política incompetente y corrupta arruine a la nación para varias generaciones. *Stefanie Claudia Müller es corresponsal alemana en Madrid y economista

miércoles, 22 de agosto de 2012

ALEMANIA LOVES GRECIA

                                       ALEMANIA LOVES GRECIA.

 Hay amores que matan. Pasa en las mejores familias y en cualquier comunidad de vecinos. Todos hemos visto relaciones enfermas que derivan en violencia de género. La parte dominadora ejerce un poder creciente que limita la capacidad de maniobra y la libertad de decidir de la parte dominada, que ve progresivamente cercenada su independencia. Es frecuente que el maltratador esté reproduciendo un patrón de comportamiento que sufrió en algún momento como víctima. Cuando le llega el momento de tomar las riendas de su propia vida, aplica la misma estrategia de dominación, negándose a reconocer que este modo de obrar le provocó dolorosas heridas no curadas y justificando su propia actuación como el único remedio ante lo que considera errores continuados de su víctima. Ésta, debilitada por las dificultades a las que ha debido enfrentarse, entra en una espiral de desánimo y miedo, acaba creyendo que no sirve para nada y acepta la autoridad pensando que la solución a sus problemas vendrá de la mano del dominador. La relación enferma se construye entonces sobre la base de una creencia errónea: las duras acciones del maltratador son la única solución a unos problemas que cree generados por la víctima, como una deficiencia cuasi genética. Sin embargo, tras esta compleja trama de voces y silencios se oculta el miedo y la inseguridad del maltratador. Psicología básica. Los bravucones siempre golpean primero para intimidar al contrario, evitar ser considerados débiles y afirmar su propia personalidad tambaleante. Así, el maltratador oculta de forma inconsciente sus miedos y elige dominar a ser dominado o dañado de nuevo. Para ello es fundamental encontrar la víctima adecuada, aquella que por desgraciadas circunstancias necesite apoyo para construirse. La víctima probablemente destaque por sus cualidades, por encima de las capacidades del maltratador. Éste lo comprende pronto y, como si en un espejo se mirase, oculta sus deficiencias y su tremenda inseguridad mediante la violencia. En el fondo siente miedo a volver a sentirse vulnerable, a no ser más valiente, más fuerte, más inteligente, y actúa violentamente por miedo a la libertad ajena y a la capacidad creativa del otro. La víctima es en realidad mucho más fuerte de lo que se la ha hecho creer, pero no lo sabe. Sólo cuando despierte y tome conciencia de ello, romperá la relación y saldrá fortificada. Mientras esto ocurre, se instala la ley del silencio en la escalera. Todo el mundo lo sabe. Todo el mundo calla. Son cosas de familia. A nosotros no nos afecta. Es cosa de ellos. Quizá se lo merezca. Tendrá sus motivos. Ellos sabrán. A nosotros eso no nos va a pasar. Somos gente de bien. Vete tú a saber qué ha estado haciendo. Con lo trabajador, serio y correcto que es. Los trapos sucios se lavan en casa. No sé cómo lo aguanta y no se marcha. Dónde va a ir, con una mano delante y otra detrás. Si es él el que trae el dinero a casa. Nadie denuncia y, como nadie denuncia, las autoridades no hacen nada. Cuando la víctima de la violencia de género no aguanta más y se marcha de casa con lo imprescindible (los hijos), para empezar una nueva vida en pobreza pero en libertad y dignidad, el maltratador suele seguir despertando afectos. Pobre hombre, con lo que trabaja, mira el pago que le da. En la escalera de Europa se ha instalado la violencia de pueblo. Todos lo saben. Todos callan y miran para otro lado. Todos estigmatizan a la víctima buscando argumentos para justificar lo que sucede. Nadie denuncia y todos piensan que la víctima se lo merece. Mírala, todo el día luminosa, recostada en la playa mediterránea, toda blanca y azul, con su vino y su retsina, con su aceitunitas de Kalamata y sus pasas de Corinto, adornada de sus perlas ajadas, con sus bailes y sus risas, dada a la buena vida mientras el esforzado trabajador apenas ve el sol en su trabajo norteño, siempre con la faz sombría y seria, tan equilibrado, tan cumplidor. No saben que a ella no le da la gana de dejar de reír ni de dejar de disfrutar de la vida. Y disfrutar de la vida es compartir con la familia y los amigos un rato de charla y un vaso de vino bajo la luz y el sol del Mediterráneo. No saben que los dolores los llora en casa. No saben que eso es la dignidad. Grecia está sufriendo, como si de un chivo expiatorio se tratara, la incomprensión de sus vecinos de escalera. Está aguantando el azote de insultos: vagos, despilfarradores, débiles, corruptos, mentirosos. Y se la hace la única culpable de todos sus males. Los vecinos europeos están generalizando en todos y cada uno de los griegos los mismos males presentes en cualquier otro país. ¿En Grecia hay corruptos y defraudadores, políticos que ponen el cazo, ciudadanos que evaden impuestos? Como los hay en otros países europeos. ¿No es España misma un lugar en el que campan con la bendición del gobierno los defraudadores para quienes se ha elaborado una amnistía fiscal? ¿No tenemos a un gobierno inyectando dinero público a una empresa privada gestionada por los allegados de la gente fuerte de su partido? De la esforzada Grecia se han dicho muchas cosas, por pura envidia de verla asomada al balcón del sur, disfrutando de los amaneceres y las puestas de sol en el mar, feliz con el simple hecho de sentir en su piel el calor del sol y de saborear los simples alimentos nobles de la civilización: el pan, el vino, el aceite, el queso, la miel… La misma directora del FMI, Christine Lagarde, en un arranque de locuacidad incontrolado, ha mezclado churras con merinas esta semana al regañar, cual rígida institutriz, a los griegos, acordándose de los problemas del África negra, conminándoles a pagar sus impuestos, los mismos que ella parece que no paga, según informaciones recientes. Como si los griegos tuvieran también la culpa de los problemas del Tercer Mundo. Sí, se dicen muchas cosas de la vecinita del sur. Y pocas, muy pocas, buenas. Se merecerá lo que le pase. Sin embargo, él… Pobrecito él. Siempre pagando las deudas de ella… A ella se la desprecia y sus vecinos respetables afirman su propia valoración por comparación con ella. Nosotros no somos Grecia. No queremos vernos como Grecia. Sí, se dicen muchas cosas de Grecia. Pero también son muchas las que no se dicen. Se reconoce en algún que otro foro el tremendo esfuerzo que la clase media griega está haciendo. Pero hay muchas otras cosas que no se dicen ni se recuerdan sobre Grecia. Nadie recuerda la capacidad de resistencia del pueblo griego bajo los largos siglos de dominación otomana, siglos durante los cuales los griegos fueron capaces de mantener viva su conciencia de nación y su lengua grácil. Nadie habla de la capacidad de los griegos para hacer de la necesidad virtud cuando decidieron dedicarse a la navegación y al comercio que los turcos despreciaban. Hay más cosas que no se dicen de Grecia. Nadie habla del papel que Alemania, Gran Bretaña y Francia jugaron en la difícil historia reciente de Grecia. Nadie recuerda cómo Francia y Gran Bretaña se desentendieron de la suerte de los griegos masacrados por Ataturk en Anatolia, después de haberle prometido ayuda para liberarse del yugo turco. Treinta buques de guerra aliados presentes frente a la costa de Esmirna pusieron marchas militares en cubierta para ahogar el terrible sonido de la masacre de 1922. Nadie recuerda que, menos de un siglo después de haber proclamado Grecia su independencia, el apoyo de Alemania a Turquía contra Grecia, con contrapartidas comerciales y de explotación de recursos, fue la estrategia alemana para neutralizar la creciente preponderancia británica en el Mediterráneo Oriental. Nadie recuerda que el desentendimiento de los países de la Triple Entente (Gran Bretaña, Francia y Rusia), teóricamente aliados de Grecia, llevó a un millón y medio de griegos de Anatolia a Atenas, de la noche a la mañana. Nadie recuerda cuánto “aprendió” Alemania de los “batallones de trabajo” turcos, a la sazón campos de concentración y exterminio donde fueron masacrados miles de griegos. Nadie cuenta que Grecia fue utilizada como pieza barata del enfrentamiento que desembocaría en la Primera Guerra Mundial. Hay muchas cosas que no se dicen de Grecia. Nadie habla tampoco de la ocupación nazi del país heleno y de la dura resistencia que la población opuso. Nadie habla de cómo se le condonó a Alemania el 50% de la deuda contraída a resultas de haber provocado la Segunda Guerra Mundial. Nadie recuerda que Alemania aún no ha pagado a Grecia la parte no condonada de dicha deuda, y que ese dinero probablemente bastaría para sacar a Grecia del pozo donde se la está hundiendo conscientemente. Por no hablar del apoyo que Alemania ha seguido dando a Turquía para fomentar los enfrentamientos de ésta con Grecia y así poder venderle armas y submarinos. Nadie dice que parte de la deuda que los griegos han contraído con los bancos alemanes ha ido a parar a las arcas de las empresas armamentísticas alemanas, para que Grecia se proteja del hostigamiento de Turquía, protegida de Alemania. El círculo perfecto de la maldad. Por no hablar de cómo Gran Bretaña y Alemania expoliaron Grecia con el consentimiento de los turcos, que despreciaban cuanto fuera griego, aquellos que convirtieron el Partenón en un polvorín, a resultas de lo cual vemos hoy su cella destrozada. Nadie recuerda que la deuda griega se pagaría de una sola vez si los mármoles del Partenón robados por Elgin regresaran al nuevo Museo de la Acrópolis, museo que los griegos han construido para desarmar el principal argumento británico: “Los mármoles no pueden volver a Grecia porque Atenas no tiene un Museo digno de conservarlos. En el Museo Británico estarán mejor cuidados”. Y de paso nos quedamos los pingües beneficios que produzcan. Nadie recuerda tampoco un recuerdo incómodo. Nadie comenta demasiado el hecho de que las cuentas falseadas que los políticos conservadores griegos presentaron a Europa para entrar en la UE estaban ciertamente falseadas…, después de que los políticos griegos fueran aconsejados por Goldman Sachs, la misma empresa que ha colocado a sus antiguos representantes de la filial europea al frente del BCE, del FMI… Y Europa miró a otro lado. ¿Alguien cree que el griego anónimo que tiene su negocio en una tranquila calle de un tranquilo pueblo del tranquilo Peloponeso, entre olivos y vides, es responsable de lo que hace el miembro de la casta política que toma decisiones cuando y como quiere y sólo le pregunta una vez cada cuatro años? ¿Hemos decidido los españoles conscientemente en las elecciones los recortes y políticas que nuestros gobernantes están llevando a cabo y que no llevaban en el programa electoral? ¿Alguien cree que la corrupción de los políticos griegos existía porque la tradición del fakelaki (sobrecito) está en el código genético griego? En el resto de Europa no existe aparentemente dicha tradición… entre la clase media, pero que nadie me diga que eso no ocurre, ¡por los dioses!, entre los dirigentes políticos. Son muchas las cosas que no se dicen de Grecia. Y muchas las que no se dicen de su principal verdugo. Alemania, pobre Alemania, tiene miedo e inseguridad, y también envidia. En las difíciles tensiones a lo largo de la historia entre el centro y la periferia europea, el siglo XX ha pasado una factura terrible a Alemania. Sintió las condiciones del Tratado de Versalles de 1920 como una terrible humillación y de alguna manera por ello toda Europa sufrió el nazismo. Necesitó ejercer la violencia para no volver a sufrir otra derrota que no pudo evitar. Alemania tiene miedo de volver a ser débil y, como muchos maltratadores, usa la violencia para esconder su propia debilidad. Alemania aún no ha curado sus heridas, pero, además, la opinión pública alemana, azuzada por algunos de sus políticos y medios de comunicación, está creyendo que su país está de nuevo siendo víctima de una terrible injusticia que obliga a los alemanes a trabajar y pagar para que los vagos del sur fiesteen. Der Spiegel publicó una foto de una plaza griega llena de gente tomando café en las terrazas, con una pregunta: “¿Tenemos nosotros que pagar esto?” Los políticos alemanes están usando de nuevo del populismo dentro de sus fronteras para hacer creer a su gente que los cerdos de la periferia europea (los PIIGS) están abusando de su generosidad. Y lo hacen, en el mejor de los casos, por ser cortos de miras, o, en el peor, conscientes de lo que están haciendo, pero poniendo sus intereses partidistas por delante del peligro de una nueva escalada de tensiones en Europa. La palabra puede ser tan mortífera como la peor de las armas. Y es que la señora Merkel no quiere que los alemanes reconozcan que el milagro alemán no se debe sólo a los alemanes. No quiere que sus ciudadanos sepan, recuerden y tengan presente que Alemania se ha levantado con los países de la periferia, que le compraban electrodomésticos y coches. No quiere que sepan que su país se financia a tan bajo coste porque la financiación de los países del sur es muy elevada. No quiere romper la ilusión de sus conciudadanos, que creen que son superiores a los sureños y lo ejercen presentándose a sí mismos como más serios, más trabajadores, más eficientes. No quiere hablar de una palabra incómoda, solidaridad, porque quieren creer que el resto de Europa no fue solidaria con ellos. Tampoco quiere la señora Merkel que sepan sus alemanes que Alemania necesita a Europa para competir económicamente con China, Estados Unidos, India o Brasil. La inseguridad que genera el hecho de reconocer que Alemania necesita de sus vecinos sería un golpe terrible para una autoestima que no está sobrada después de la particular trayectoria de Alemania en el siglo XX. Así, la señora Merkel no quiere que sus alemanes sepan que en realidad Alemania necesita que Grecia siga en el euro. No pueden dejarla salir porque si Grecia sale del euro no seguirá pagando y no podrán seguir despojándola de sus poderes ciudadanos ni de sus bienes. Ante este miedo, usa la misma estrategia de siempre: la violencia. Golpea para hacer creer que es más fuerte, que tiene razón, que la culpabilidad de la situación crítica recae únicamente sobre el otro. Pero es que Alemania también envidia a Grecia. Alemania quiere y necesita creer que es superior a Grecia. Ama en ella todo lo que posee de manera natural. En el reparto de aquellos primeros pueblos indoeuropeos que colonizaron el continente, a la germanidad le correspondió en mala hora el frío norte, mientras que a los griegos les correspondió el cálido sur. Alemania habría querido ser Grecia, haber nacido en las costas de sur, a las que bajan en el invierno de sus vidas para calentar sus huesos antes del frío eterno. Pero sobre todo, por encima de todo, Alemania querría haber alumbrado ella la perfección y el equilibrio, la racionalidad y la belleza, la filosofía y la técnica. De alguna manera, el subconsciente alemán sigue creyendo que el espíritu griego y el alemán son sólo uno, y que Grecia es la hermana descarriada que hay que devolver a la senda correcta. Sigue creyendo ser más sabia que la Grecia que parió los dones humanos que la propia Alemania ama y de los que tanto se enorgullece. Siguen creyendo, al igual que los ingleses, (¡¿dónde están los ingleses?!), que le hicieron un favor a Grecia al excavarla, creen que la “hicieron conocerse”. Pero como las víctimas de la violencia de género, Grecia, víctima de la violencia de pueblo, es mucho más poderosa de lo que creemos el resto de los europeos. Cuando oigo a nuestros perversos políticos decir con desprecio aquello de “España no es Grecia”, pienso: “¡Qué más quisiéramos!”. Claro que España no es Grecia, ni el resto de Europa es Grecia. Ahora mismo Grecia es el laboratorio de Europa. Una intuición nacida de algún lugar desconocido me dice que será la salvación de Europa. Será Grecia quien reinvente lo que tenga que ser la vida futura del viejo continente. No sé si es mi propio deseo el que habla por mí, puedo equivocarme, pero creo que Syritza tendrá la llave de gobierno en las próximas elecciones del 17 de Junio. E impondrá y hará valer la fuerza interna de Grecia, pidiendo, no salir del euro, sino otra Europa, que castigue la corrupción de las castas políticas dominantes (el PASOK, Nueva Democracia, los Venizelos, Samarás, Papandreu…), que aleje a los servicios públicos de la esclavitud política, que aplique las medidas draconianas, impuestas por la Troika a las clases medias, a las oligarquías que evaden impuestos y mantienen privilegios como los de la Iglesia, que reivindique una democracia real, que acabe con la tiranía plutocrática de los mercados. Mientras, los dirigentes de la UE, lacayos de los mercados, se permiten el lujo de amenazar al pueblo griego si se les ocurre votar a la izquierda que desafía sus órdenes. Pero, como las víctimas de la violencia de género, el pueblo griego está despertando a su orgullo nacional, del que nunca se ha desprendido, porque no es un orgullo de nación, es un orgullo de humanidad. El pueblo griego no se rendirá. Pudo soportar la dominación otomana durante siglos y mantener con orgullo su lengua. ¿De verdad cree Alemania que conseguirá domeñar el orgullo griego? Circula una anécdota que ilustra a la perfección la diferencia de mentalidad entre ambos pueblos: un turista alemán se acerca a la recepción de un hotel griego y encuentra a dos jóvenes recepcionistas griegas bromeando y riendo alegremente. El alemán las reprende echándoles en cara que se les ocurra reír estando su país en semejante crisis. Las jóvenes lo miran como si fuera un extraterrestre y le contestan: “¿Y qué quiere que hagamos? ¿Suicidarnos?”. Por encima de las veleidades de los dioses mercados a los que el Norte europeo rinde pleitesía, los griegos paganos tienen el conocimiento de la única religión verdadera: estar vivos y sentir la luz del sol en la piel.
Autora :

Elena Fuentes Cara

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domingo, 5 de agosto de 2012



Ni contigo ni sin ti 
El euro plantea a la sociedad española un dilema cada vez más evidente. En su actual funcionamiento, los costes de estar en el euro son mayores que los beneficios. Sin embargo, el miedo a lo desconocido, a las consecuencias que tendría la salida, frena esa opción. La encuesta de opinión publicada el pasado domingo por este diario refleja esta disyuntiva.
Ese dilema se podría expresar mediante la letra de una vieja y popular canción que dice: “Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque me matas, sin ti porque yo me muero”.
¿Cuáles son esos males? Fundamentalmente, dos. Primero, el elevado endeudamiento, cuya causa inicial fue más el sector privado que el sector público, y el sobrecoste o prima de riesgo que el Tesoro español tiene que pagar para seguir financiándose ese endeudamiento en los mercados privados de capitales. Segundo, la débil competitividad de nuestra economía. Ambos males limitan la capacidad de crecer y crear empleo.
La solución al problema de la competitividad depende únicamente de nosotros; la ventaja en este caso es que hay señales esperanzadoras en el comportamiento de las exportaciones y que mejorar no es difícil. Por el contrario, la solución al problema de la deuda es responsabilidad compartida con la Eurozona.
¿Facilita la Eurozona la solución? Más que aliviarla, la agrava.
La política de austeridad hunde a la economía en la recesión, la somete al estancamiento prolongado y al desempleo masivo y crea penurias y pobreza
La política de austeridad hunde a la economía en la recesión, la somete al estancamiento prolongado y al desempleo masivo y crea penurias y pobreza. Pero además de crear esos nuevos problemas, la austeridad inclemente agrava el sobreendeudamiento. Esto es así en la medida en que, por un lado, la recesión, al provocar una caída del PIB, hace que el peso de la deuda en relación al PIB aumente en vez de disminuir. Y, por otro, al provocar una caída de ingresos públicos, la recesión impide la reducción del déficit. En esas circunstancias, es lógico que los prestamistas castiguen la deuda española y retiren capitales.
Ahora bien, ¿este castigo se debe únicamente a las debilidades propias o refleja también un riesgo del euro? De forma más coloquial, ¿no estarán los inversores dando patadas al euro en el trasero de los españoles?
Hay una forma rápida de comprobarlo. Es fijarse en Italia. Tiene menos problemas que España, pero ha sufrido la misma huida de capitales. Es el temor a la quiebra del euro y no solo los problemas nacionales lo que explica la huida hacia los países fuertes.
A diferencia de Grecia o Portugal, la economía española tiene capacidad competitiva, como muestra la evolución de las exportaciones
Los 600 puntos de sobrecoste que ha venido pagando el Tesoro español para financiarse en los últimos meses se deben, en parte, al riesgo propiamente español, derivado de nuestros males, que probablemente explica un sobrecoste de 300 o 350 puntos y el resto es el riesgo del euro. Si se eliminase, la prima española bajaría a niveles sostenibles y no habría problemas en seguir financiándose en los mercados privados de capitales.
Eso es así, en la medida en que, a diferencia de Grecia o Portugal, la economía española tiene capacidad competitiva, como muestra la evolución de las exportaciones. Una competitividad que además puede mejorar si se aplican verdaderas reformas y no recortes a trompicones. No se trata de pedir limosna, sino de pagar solo por las debilidades propias y no por los males del euro.
¿Cuál es la causa del riesgo del euro? Aunque la razón última es que no existe una unión política europea, la causa inmediata es que el BCE no se comporta como un verdadero banco central, al estilo del Banco de Inglaterra o la Reserva Federal. Cuando lo hizo, o cuando anuncia que lo va a hacer, el comportamiento de los mercados cambia rápidamente. Lo hemos visto cuando Mario Draghi dijo la semana pasada que el BCE va a hacer “todo lo necesario para salvar al euro; y, créanme, será suficiente”. La prima de riesgo española comenzó a desprenderse del riesgo del euro.
Por qué Alemania impide al BCE actuar como un verdadero banco central es un misterio
¿Conseguirá Draghi hacer lo necesario? Todo indica que dependerá de nuevo de la actitud de Alemania.
Por qué Alemania impide al BCE actuar como un verdadero banco central es un misterio. Especialmente si se tiene en cuenta que los estudios sobre los costes de una ruptura parcial o total de la eurozona señalan que Alemania sería la gran perdedora. Si es así, ¿cómo entender su tozudez, arrogancia y bravuconería? Podemos plantear dos hipótesis.
La primera es que su conducta esté movida por sus intereses nacionales a corto plazo. La austeridad impuesta a los países sobreendeudados sería una forma de dar tiempo a que los ahorradores y los bancos alemanes recuperen lo que prestaron al sector público y privado esos países. Además, al refugiarse los capitales en la deuda alemana le permite practicar dumping financiero y financiarse a coste cero o negativo, en perjuicio de la Hacienda y de las empresas de los más débiles.
La segunda, es que su conducta esté motivada por su visión de cómo avanzar en la integración europea. Alemania quiere forzar a Francia a aceptar la Unión Política como paso previo a dejar al BCE hacer las funciones de banco central; pero Francia se resiste a esa condición y defiende la Unión Bancaria. El resultado incierto de esta nueva guerra franco-prusiana es el riesgo de ruptura del euro.
Cuando escribo no sé si Draghi se habrá salido con la suya o Alemania le habrá vuelto a poner de rodillas. Si ha sido esto último, probablemente España se verá obligada a pedir un rescate en alguna de sus modalidades. Si es así, veremos que el dilema de si permanecer o salir del euro se planteará con todo su crudeza. Porque el rescate sería como si en vez de lanzar un salvavidas de corcho, que te ayuda a flotar y volver al barco, te lanzasen uno de acero, que te hunde definitivamente en la recesión, el estancamiento, el desempleo y la pobreza. En esas circunstancias el dilema del euro se expresaría con toda su fuerza.
Antón Costas es catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona