sábado, 22 de septiembre de 2012

La verdad sobre la crisis economica de España

HA TENIDO QUE SER UNA PERIODISTA ALEMANA LA QUE PONGA EN CLARO LA SITUACIÓN EN ESPAÑA. 


 Artículo publicado en varios periódicos alemanes por su corresponsal en España:

 Hoy, 6 de septiembre, se encuentran en Madrid los gobiernos de Alemania y España, acompañados de un nutrido grupo de empresarios, y donde seguro hablarán sobre las condiciones para poder otorgar más ayudas financieras a España o a su sistema bancario. En los dos lados se ha elevado el tono en los últimos meses y es con gran expectación que España espera ahora la decisión que va a tomar el Tribunal Constitucional alemán, que esa sí es crucial, el día 12, sobre la conformidad o no del rescate europeo y las obligaciones derivadas para los alemanes. En Alemania crece la critica contra la supuesta "mentalidad de fiesta" de los españoles; en España los medios cada vez son más negativos con la supuesta dureza de la canciller Merkel. Pensamos que la situación es mucho más compleja de lo que presentan ambos gobiernos y la mayoría de los medios. España no es Grecia, pero España puede ser un paciente crónico si Alemania, junto con Europa, no contribuye a solucionar sus verdaderos problemas. España no debería recibir más dinero sin que se cambie a fondo el sistema político y económico, hoy en manos de una oligarquía política aliada con la oligarquía económica y financiera, y sin que se aumente la participación ciudadana real en las decisiones políticas. Para no perpetuar la crisis y endeudar a los españoles durante generaciones, el Gobierno español debe reformar a fondo la administración de las comunidades autónomas y los ayuntamientos, en su mayoría en bancarrota y completamente fuera de control, sometiendo a referéndum el modelo de Estado. Este tema es la clave del futuro de España, porque las regiones, ayuntamientos y diputaciones son los responsables de los dos tercios del gasto público -234.000 millones frente a 118.000 el Estado en 2011-, excluyendo la Seguridad Social -23.000 millones-, y este gasto se realiza en condiciones de descontrol, despilfarro y corrupción totalmente inaceptables. Las razones verdaderas de la crisis del país, en consonancia con lo dicho, nada tienen que ver con salarios demasiado altos -un 60 % de la población ocupada gana menos de 1.000 euros/mes-, pensiones demasiado altas -la pensión media es de 785 euros, el 63% de la media de la UE-15- o pocas horas de trabajo, como se ha trasmitido a veces desde Alemania. A España tampoco le falta talento, ni capacidad empresarial ni creatividad. Tiene grandes pensadores, creativos, ingenieros, médicos excelentes y gestores de primer nivel. La razón de la enfermedad de España es un modelo de Estado inviable, fuente de todo nepotismo y de toda corrupción, impuesto por una oligarquía de partidos en connivencia con las oligarquías financiera y económica, y con el poder judicial y los organismos de control a su servicio. En España no existe separación de poderes, ni independencia del poder judicial, ni los diputados representan a los ciudadanos, solo a los partidos que los ponen en una lista. Todo esto lleva también a una economía sumergida que llega al 20% del PIB y que frena la competencia, la eficacia y el desarrollo del país. Además, detrae recursos con los que podrían financiarse educación y sanidad. Las ayudas para España, igual que para otros posible candidatos de rescates, no deben ir a bancos ya casi en bancarrota y fuertemente politizados. En la CAM, el Gobierno ha comprometido 16.000 millones de dinero público en lugar de cerrarla; en Bankia, 23.000, y el Ejecutivo acaba de darle 5.000 millones urgentemente para cubrir pérdidas en vez de cerrarla, y además de forma tan extraña que despierta todo tipo de recelos. ¿Por qué se ha utilizado el dinero de los españoles (FROB) en vez de esperar los fondos de la UE? Es lícito suponer que la razón es la siguiente: los bancos no quieren que la UE investigue sus cuentas. Control estricto y duras condiciones. Ya el caso de Grecia ha demostrado que las ayudas europeas tienen que estar vinculadas a un control estricto y condiciones duras. Esas condiciones no pueden solamente representar recortes sociales o subidas brutales de impuestos, como hace ahora el Gobierno de Mariano Rajoy con la excusa de Europa . Se tiene que cambiar más en España que cortar gasto social, que de todos modos es mucho más bajo que en Alemania, y hay otros gastos infinitamente más relevantes que se pueden eliminar. Además, los casos de corrupción resultan tan escandalosos, incluso en el propio Gobierno, que uno solo puede llegar a una conclusión: el dinero de Europa no puede ser manejado por personas tan increíblemente venales. La pasada semana el ministro de Industria Soria -imputado también por corrupción urbanística en Canarias- acusó al ministro de Hacienda en el Consejo de Ministros de favorecer descaradamente a la empresa líder de renovables, Abengoa, de la que había sido asesor, en la nueva regulación de estas energías, que reciben más de 7.000 millones de euros de subvenciones anualmente. Y Rajoy, al que entregó una carta probatoria, ni dijo ni hizo absolutamente nada. No puede permitirse por más tiempo este nivel de corrupción, y menos aún a 17 regiones funcionando como estados independientes, con todos los organismos multiplicados por 17, desde 17 servicios meteorológicos a 17 defensores del pueblo, con 200 embajadas, 50 canales de TV regionales en pérdida, 30.000 coches oficiales o 4.000 empresas públicas que emplean a 520.000 personas, creadas específicamente para ocultar deuda y colocar a familiares y amigos sin control ni fiscalización alguna. En conjunto, unos 120.000 millones, equivalentes al 11,4% del PIB, se despilfarran anualmente en un sistema de nepotismo, corrupción y falta de transparencia. Y con esto se tiene que acabar, entre otras cosas, porque ya no hay dinero. Los últimos datos de las cuentas públicas conocidos la pasada semana son escalofriantes. El déficit del Estado a julio ascendió al 4,62% del PIB, frente a un déficit del 3,5% comprometido con la UE para todo el año (del 6,3% incluyendo regiones y ayuntamientos). Pero lo realmente inaudito es que España está gastando el doble de lo que ingresa. 101.000 millones de gasto a julio frente a 52.000 millones de ingresos, y precisamente para poder financiar el despilfarro de regiones y ayuntamientos, que no están en absoluto comprometidos con la consolidación fiscal. El tema del déficit público es algo que roza la ciencia ficción, y que ilustra perfectamente la credibilidad de los dos últimos gobiernos de España. En noviembre de 2011, el Gobierno dijo que el déficit público era del 6% del PIB; a finales de diciembre, el nuevo Gobierno dijo que le habían engañado y que el déficit era superior al 8%, y que se tomaba tres meses para calcularlo con toda precisión. A finales de marzo, se dijo que definitivamente era del 8,5%, y ésta fue la cifra que se envió a Bruselas. Dos semanas después, la Comunidad de Madrid dijo que sus cifras eran erróneas y el Ayuntamiento de la capital igual… el déficit era ya del 8,7%. Sin embargo, la semana pasada el INE dijo que el PIB de 2011 estaba sobrevalorado y, con la nueva cifra, el déficit era del 9,1%; dos días después, Valencia dijo que su déficit era de 3.000 millones más; o sea, que estamos en el 9,4% y las otras 15 CCAA y 8.120 ayuntamientos aún no han corregido sus cifras de 2011. Lo único que sabemos es que están todas infravaloradas. El déficit real de 2011 puede estar por encima del 11%, y en 2012 se esta gastando el doble de lo que se ingresa. Como dice el Gobierno de Rajoy, “estamos en la senda de convergencia”. Y es verdad… de convergencia hacia Grecia. Claramente, la joven democracia española tiene todavía muchos déficits de representatividad y de democracia que deberían interesar a la canciller Merkel y también a Europa, si queremos evitar una Grecia multiplicada por cinco y salvar el euro. Esto es lo que ha hecho posible el despilfarro masivo de las ayudas europeas, con una asignación disparatada de las mismas, a pesar de que estas ayudas han supuesto una cifra mayor que la del Plan Marshall para toda Europa. Es frustrante que a causa de este sistema oligárquico nepotista y corrupto se destroce talento y creatividad y que ahora muchos jóvenes se vean forzados a trabajar fuera, muchos en Alemania. Esa situación nos ha llevado a una distribución de riqueza que es de las más injustas de la OECD. La antaño fuerte clase media española está siendo literalmente aniquilada. Resumiendo: no es una falta de voluntad de trabajo, como se piensa tal vez en algunos países del norte de Europa, lo que hace que España sufra la peor crisis económica de su Historia. Es un sistema corrupto e ineficiente. La crítica del Gobierno alemán y sus condiciones para un rescate de España se deberían concentrar en la solución de esos problemas. En caso contrario, solo conseguirán que una casta política incompetente y corrupta arruine a la nación para varias generaciones. *Stefanie Claudia Müller es corresponsal alemana en Madrid y economista

miércoles, 22 de agosto de 2012

ALEMANIA LOVES GRECIA

                                       ALEMANIA LOVES GRECIA.

 Hay amores que matan. Pasa en las mejores familias y en cualquier comunidad de vecinos. Todos hemos visto relaciones enfermas que derivan en violencia de género. La parte dominadora ejerce un poder creciente que limita la capacidad de maniobra y la libertad de decidir de la parte dominada, que ve progresivamente cercenada su independencia. Es frecuente que el maltratador esté reproduciendo un patrón de comportamiento que sufrió en algún momento como víctima. Cuando le llega el momento de tomar las riendas de su propia vida, aplica la misma estrategia de dominación, negándose a reconocer que este modo de obrar le provocó dolorosas heridas no curadas y justificando su propia actuación como el único remedio ante lo que considera errores continuados de su víctima. Ésta, debilitada por las dificultades a las que ha debido enfrentarse, entra en una espiral de desánimo y miedo, acaba creyendo que no sirve para nada y acepta la autoridad pensando que la solución a sus problemas vendrá de la mano del dominador. La relación enferma se construye entonces sobre la base de una creencia errónea: las duras acciones del maltratador son la única solución a unos problemas que cree generados por la víctima, como una deficiencia cuasi genética. Sin embargo, tras esta compleja trama de voces y silencios se oculta el miedo y la inseguridad del maltratador. Psicología básica. Los bravucones siempre golpean primero para intimidar al contrario, evitar ser considerados débiles y afirmar su propia personalidad tambaleante. Así, el maltratador oculta de forma inconsciente sus miedos y elige dominar a ser dominado o dañado de nuevo. Para ello es fundamental encontrar la víctima adecuada, aquella que por desgraciadas circunstancias necesite apoyo para construirse. La víctima probablemente destaque por sus cualidades, por encima de las capacidades del maltratador. Éste lo comprende pronto y, como si en un espejo se mirase, oculta sus deficiencias y su tremenda inseguridad mediante la violencia. En el fondo siente miedo a volver a sentirse vulnerable, a no ser más valiente, más fuerte, más inteligente, y actúa violentamente por miedo a la libertad ajena y a la capacidad creativa del otro. La víctima es en realidad mucho más fuerte de lo que se la ha hecho creer, pero no lo sabe. Sólo cuando despierte y tome conciencia de ello, romperá la relación y saldrá fortificada. Mientras esto ocurre, se instala la ley del silencio en la escalera. Todo el mundo lo sabe. Todo el mundo calla. Son cosas de familia. A nosotros no nos afecta. Es cosa de ellos. Quizá se lo merezca. Tendrá sus motivos. Ellos sabrán. A nosotros eso no nos va a pasar. Somos gente de bien. Vete tú a saber qué ha estado haciendo. Con lo trabajador, serio y correcto que es. Los trapos sucios se lavan en casa. No sé cómo lo aguanta y no se marcha. Dónde va a ir, con una mano delante y otra detrás. Si es él el que trae el dinero a casa. Nadie denuncia y, como nadie denuncia, las autoridades no hacen nada. Cuando la víctima de la violencia de género no aguanta más y se marcha de casa con lo imprescindible (los hijos), para empezar una nueva vida en pobreza pero en libertad y dignidad, el maltratador suele seguir despertando afectos. Pobre hombre, con lo que trabaja, mira el pago que le da. En la escalera de Europa se ha instalado la violencia de pueblo. Todos lo saben. Todos callan y miran para otro lado. Todos estigmatizan a la víctima buscando argumentos para justificar lo que sucede. Nadie denuncia y todos piensan que la víctima se lo merece. Mírala, todo el día luminosa, recostada en la playa mediterránea, toda blanca y azul, con su vino y su retsina, con su aceitunitas de Kalamata y sus pasas de Corinto, adornada de sus perlas ajadas, con sus bailes y sus risas, dada a la buena vida mientras el esforzado trabajador apenas ve el sol en su trabajo norteño, siempre con la faz sombría y seria, tan equilibrado, tan cumplidor. No saben que a ella no le da la gana de dejar de reír ni de dejar de disfrutar de la vida. Y disfrutar de la vida es compartir con la familia y los amigos un rato de charla y un vaso de vino bajo la luz y el sol del Mediterráneo. No saben que los dolores los llora en casa. No saben que eso es la dignidad. Grecia está sufriendo, como si de un chivo expiatorio se tratara, la incomprensión de sus vecinos de escalera. Está aguantando el azote de insultos: vagos, despilfarradores, débiles, corruptos, mentirosos. Y se la hace la única culpable de todos sus males. Los vecinos europeos están generalizando en todos y cada uno de los griegos los mismos males presentes en cualquier otro país. ¿En Grecia hay corruptos y defraudadores, políticos que ponen el cazo, ciudadanos que evaden impuestos? Como los hay en otros países europeos. ¿No es España misma un lugar en el que campan con la bendición del gobierno los defraudadores para quienes se ha elaborado una amnistía fiscal? ¿No tenemos a un gobierno inyectando dinero público a una empresa privada gestionada por los allegados de la gente fuerte de su partido? De la esforzada Grecia se han dicho muchas cosas, por pura envidia de verla asomada al balcón del sur, disfrutando de los amaneceres y las puestas de sol en el mar, feliz con el simple hecho de sentir en su piel el calor del sol y de saborear los simples alimentos nobles de la civilización: el pan, el vino, el aceite, el queso, la miel… La misma directora del FMI, Christine Lagarde, en un arranque de locuacidad incontrolado, ha mezclado churras con merinas esta semana al regañar, cual rígida institutriz, a los griegos, acordándose de los problemas del África negra, conminándoles a pagar sus impuestos, los mismos que ella parece que no paga, según informaciones recientes. Como si los griegos tuvieran también la culpa de los problemas del Tercer Mundo. Sí, se dicen muchas cosas de la vecinita del sur. Y pocas, muy pocas, buenas. Se merecerá lo que le pase. Sin embargo, él… Pobrecito él. Siempre pagando las deudas de ella… A ella se la desprecia y sus vecinos respetables afirman su propia valoración por comparación con ella. Nosotros no somos Grecia. No queremos vernos como Grecia. Sí, se dicen muchas cosas de Grecia. Pero también son muchas las que no se dicen. Se reconoce en algún que otro foro el tremendo esfuerzo que la clase media griega está haciendo. Pero hay muchas otras cosas que no se dicen ni se recuerdan sobre Grecia. Nadie recuerda la capacidad de resistencia del pueblo griego bajo los largos siglos de dominación otomana, siglos durante los cuales los griegos fueron capaces de mantener viva su conciencia de nación y su lengua grácil. Nadie habla de la capacidad de los griegos para hacer de la necesidad virtud cuando decidieron dedicarse a la navegación y al comercio que los turcos despreciaban. Hay más cosas que no se dicen de Grecia. Nadie habla del papel que Alemania, Gran Bretaña y Francia jugaron en la difícil historia reciente de Grecia. Nadie recuerda cómo Francia y Gran Bretaña se desentendieron de la suerte de los griegos masacrados por Ataturk en Anatolia, después de haberle prometido ayuda para liberarse del yugo turco. Treinta buques de guerra aliados presentes frente a la costa de Esmirna pusieron marchas militares en cubierta para ahogar el terrible sonido de la masacre de 1922. Nadie recuerda que, menos de un siglo después de haber proclamado Grecia su independencia, el apoyo de Alemania a Turquía contra Grecia, con contrapartidas comerciales y de explotación de recursos, fue la estrategia alemana para neutralizar la creciente preponderancia británica en el Mediterráneo Oriental. Nadie recuerda que el desentendimiento de los países de la Triple Entente (Gran Bretaña, Francia y Rusia), teóricamente aliados de Grecia, llevó a un millón y medio de griegos de Anatolia a Atenas, de la noche a la mañana. Nadie recuerda cuánto “aprendió” Alemania de los “batallones de trabajo” turcos, a la sazón campos de concentración y exterminio donde fueron masacrados miles de griegos. Nadie cuenta que Grecia fue utilizada como pieza barata del enfrentamiento que desembocaría en la Primera Guerra Mundial. Hay muchas cosas que no se dicen de Grecia. Nadie habla tampoco de la ocupación nazi del país heleno y de la dura resistencia que la población opuso. Nadie habla de cómo se le condonó a Alemania el 50% de la deuda contraída a resultas de haber provocado la Segunda Guerra Mundial. Nadie recuerda que Alemania aún no ha pagado a Grecia la parte no condonada de dicha deuda, y que ese dinero probablemente bastaría para sacar a Grecia del pozo donde se la está hundiendo conscientemente. Por no hablar del apoyo que Alemania ha seguido dando a Turquía para fomentar los enfrentamientos de ésta con Grecia y así poder venderle armas y submarinos. Nadie dice que parte de la deuda que los griegos han contraído con los bancos alemanes ha ido a parar a las arcas de las empresas armamentísticas alemanas, para que Grecia se proteja del hostigamiento de Turquía, protegida de Alemania. El círculo perfecto de la maldad. Por no hablar de cómo Gran Bretaña y Alemania expoliaron Grecia con el consentimiento de los turcos, que despreciaban cuanto fuera griego, aquellos que convirtieron el Partenón en un polvorín, a resultas de lo cual vemos hoy su cella destrozada. Nadie recuerda que la deuda griega se pagaría de una sola vez si los mármoles del Partenón robados por Elgin regresaran al nuevo Museo de la Acrópolis, museo que los griegos han construido para desarmar el principal argumento británico: “Los mármoles no pueden volver a Grecia porque Atenas no tiene un Museo digno de conservarlos. En el Museo Británico estarán mejor cuidados”. Y de paso nos quedamos los pingües beneficios que produzcan. Nadie recuerda tampoco un recuerdo incómodo. Nadie comenta demasiado el hecho de que las cuentas falseadas que los políticos conservadores griegos presentaron a Europa para entrar en la UE estaban ciertamente falseadas…, después de que los políticos griegos fueran aconsejados por Goldman Sachs, la misma empresa que ha colocado a sus antiguos representantes de la filial europea al frente del BCE, del FMI… Y Europa miró a otro lado. ¿Alguien cree que el griego anónimo que tiene su negocio en una tranquila calle de un tranquilo pueblo del tranquilo Peloponeso, entre olivos y vides, es responsable de lo que hace el miembro de la casta política que toma decisiones cuando y como quiere y sólo le pregunta una vez cada cuatro años? ¿Hemos decidido los españoles conscientemente en las elecciones los recortes y políticas que nuestros gobernantes están llevando a cabo y que no llevaban en el programa electoral? ¿Alguien cree que la corrupción de los políticos griegos existía porque la tradición del fakelaki (sobrecito) está en el código genético griego? En el resto de Europa no existe aparentemente dicha tradición… entre la clase media, pero que nadie me diga que eso no ocurre, ¡por los dioses!, entre los dirigentes políticos. Son muchas las cosas que no se dicen de Grecia. Y muchas las que no se dicen de su principal verdugo. Alemania, pobre Alemania, tiene miedo e inseguridad, y también envidia. En las difíciles tensiones a lo largo de la historia entre el centro y la periferia europea, el siglo XX ha pasado una factura terrible a Alemania. Sintió las condiciones del Tratado de Versalles de 1920 como una terrible humillación y de alguna manera por ello toda Europa sufrió el nazismo. Necesitó ejercer la violencia para no volver a sufrir otra derrota que no pudo evitar. Alemania tiene miedo de volver a ser débil y, como muchos maltratadores, usa la violencia para esconder su propia debilidad. Alemania aún no ha curado sus heridas, pero, además, la opinión pública alemana, azuzada por algunos de sus políticos y medios de comunicación, está creyendo que su país está de nuevo siendo víctima de una terrible injusticia que obliga a los alemanes a trabajar y pagar para que los vagos del sur fiesteen. Der Spiegel publicó una foto de una plaza griega llena de gente tomando café en las terrazas, con una pregunta: “¿Tenemos nosotros que pagar esto?” Los políticos alemanes están usando de nuevo del populismo dentro de sus fronteras para hacer creer a su gente que los cerdos de la periferia europea (los PIIGS) están abusando de su generosidad. Y lo hacen, en el mejor de los casos, por ser cortos de miras, o, en el peor, conscientes de lo que están haciendo, pero poniendo sus intereses partidistas por delante del peligro de una nueva escalada de tensiones en Europa. La palabra puede ser tan mortífera como la peor de las armas. Y es que la señora Merkel no quiere que los alemanes reconozcan que el milagro alemán no se debe sólo a los alemanes. No quiere que sus ciudadanos sepan, recuerden y tengan presente que Alemania se ha levantado con los países de la periferia, que le compraban electrodomésticos y coches. No quiere que sepan que su país se financia a tan bajo coste porque la financiación de los países del sur es muy elevada. No quiere romper la ilusión de sus conciudadanos, que creen que son superiores a los sureños y lo ejercen presentándose a sí mismos como más serios, más trabajadores, más eficientes. No quiere hablar de una palabra incómoda, solidaridad, porque quieren creer que el resto de Europa no fue solidaria con ellos. Tampoco quiere la señora Merkel que sepan sus alemanes que Alemania necesita a Europa para competir económicamente con China, Estados Unidos, India o Brasil. La inseguridad que genera el hecho de reconocer que Alemania necesita de sus vecinos sería un golpe terrible para una autoestima que no está sobrada después de la particular trayectoria de Alemania en el siglo XX. Así, la señora Merkel no quiere que sus alemanes sepan que en realidad Alemania necesita que Grecia siga en el euro. No pueden dejarla salir porque si Grecia sale del euro no seguirá pagando y no podrán seguir despojándola de sus poderes ciudadanos ni de sus bienes. Ante este miedo, usa la misma estrategia de siempre: la violencia. Golpea para hacer creer que es más fuerte, que tiene razón, que la culpabilidad de la situación crítica recae únicamente sobre el otro. Pero es que Alemania también envidia a Grecia. Alemania quiere y necesita creer que es superior a Grecia. Ama en ella todo lo que posee de manera natural. En el reparto de aquellos primeros pueblos indoeuropeos que colonizaron el continente, a la germanidad le correspondió en mala hora el frío norte, mientras que a los griegos les correspondió el cálido sur. Alemania habría querido ser Grecia, haber nacido en las costas de sur, a las que bajan en el invierno de sus vidas para calentar sus huesos antes del frío eterno. Pero sobre todo, por encima de todo, Alemania querría haber alumbrado ella la perfección y el equilibrio, la racionalidad y la belleza, la filosofía y la técnica. De alguna manera, el subconsciente alemán sigue creyendo que el espíritu griego y el alemán son sólo uno, y que Grecia es la hermana descarriada que hay que devolver a la senda correcta. Sigue creyendo ser más sabia que la Grecia que parió los dones humanos que la propia Alemania ama y de los que tanto se enorgullece. Siguen creyendo, al igual que los ingleses, (¡¿dónde están los ingleses?!), que le hicieron un favor a Grecia al excavarla, creen que la “hicieron conocerse”. Pero como las víctimas de la violencia de género, Grecia, víctima de la violencia de pueblo, es mucho más poderosa de lo que creemos el resto de los europeos. Cuando oigo a nuestros perversos políticos decir con desprecio aquello de “España no es Grecia”, pienso: “¡Qué más quisiéramos!”. Claro que España no es Grecia, ni el resto de Europa es Grecia. Ahora mismo Grecia es el laboratorio de Europa. Una intuición nacida de algún lugar desconocido me dice que será la salvación de Europa. Será Grecia quien reinvente lo que tenga que ser la vida futura del viejo continente. No sé si es mi propio deseo el que habla por mí, puedo equivocarme, pero creo que Syritza tendrá la llave de gobierno en las próximas elecciones del 17 de Junio. E impondrá y hará valer la fuerza interna de Grecia, pidiendo, no salir del euro, sino otra Europa, que castigue la corrupción de las castas políticas dominantes (el PASOK, Nueva Democracia, los Venizelos, Samarás, Papandreu…), que aleje a los servicios públicos de la esclavitud política, que aplique las medidas draconianas, impuestas por la Troika a las clases medias, a las oligarquías que evaden impuestos y mantienen privilegios como los de la Iglesia, que reivindique una democracia real, que acabe con la tiranía plutocrática de los mercados. Mientras, los dirigentes de la UE, lacayos de los mercados, se permiten el lujo de amenazar al pueblo griego si se les ocurre votar a la izquierda que desafía sus órdenes. Pero, como las víctimas de la violencia de género, el pueblo griego está despertando a su orgullo nacional, del que nunca se ha desprendido, porque no es un orgullo de nación, es un orgullo de humanidad. El pueblo griego no se rendirá. Pudo soportar la dominación otomana durante siglos y mantener con orgullo su lengua. ¿De verdad cree Alemania que conseguirá domeñar el orgullo griego? Circula una anécdota que ilustra a la perfección la diferencia de mentalidad entre ambos pueblos: un turista alemán se acerca a la recepción de un hotel griego y encuentra a dos jóvenes recepcionistas griegas bromeando y riendo alegremente. El alemán las reprende echándoles en cara que se les ocurra reír estando su país en semejante crisis. Las jóvenes lo miran como si fuera un extraterrestre y le contestan: “¿Y qué quiere que hagamos? ¿Suicidarnos?”. Por encima de las veleidades de los dioses mercados a los que el Norte europeo rinde pleitesía, los griegos paganos tienen el conocimiento de la única religión verdadera: estar vivos y sentir la luz del sol en la piel.
Autora :

Elena Fuentes Cara

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domingo, 5 de agosto de 2012



Ni contigo ni sin ti 
El euro plantea a la sociedad española un dilema cada vez más evidente. En su actual funcionamiento, los costes de estar en el euro son mayores que los beneficios. Sin embargo, el miedo a lo desconocido, a las consecuencias que tendría la salida, frena esa opción. La encuesta de opinión publicada el pasado domingo por este diario refleja esta disyuntiva.
Ese dilema se podría expresar mediante la letra de una vieja y popular canción que dice: “Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque me matas, sin ti porque yo me muero”.
¿Cuáles son esos males? Fundamentalmente, dos. Primero, el elevado endeudamiento, cuya causa inicial fue más el sector privado que el sector público, y el sobrecoste o prima de riesgo que el Tesoro español tiene que pagar para seguir financiándose ese endeudamiento en los mercados privados de capitales. Segundo, la débil competitividad de nuestra economía. Ambos males limitan la capacidad de crecer y crear empleo.
La solución al problema de la competitividad depende únicamente de nosotros; la ventaja en este caso es que hay señales esperanzadoras en el comportamiento de las exportaciones y que mejorar no es difícil. Por el contrario, la solución al problema de la deuda es responsabilidad compartida con la Eurozona.
¿Facilita la Eurozona la solución? Más que aliviarla, la agrava.
La política de austeridad hunde a la economía en la recesión, la somete al estancamiento prolongado y al desempleo masivo y crea penurias y pobreza
La política de austeridad hunde a la economía en la recesión, la somete al estancamiento prolongado y al desempleo masivo y crea penurias y pobreza. Pero además de crear esos nuevos problemas, la austeridad inclemente agrava el sobreendeudamiento. Esto es así en la medida en que, por un lado, la recesión, al provocar una caída del PIB, hace que el peso de la deuda en relación al PIB aumente en vez de disminuir. Y, por otro, al provocar una caída de ingresos públicos, la recesión impide la reducción del déficit. En esas circunstancias, es lógico que los prestamistas castiguen la deuda española y retiren capitales.
Ahora bien, ¿este castigo se debe únicamente a las debilidades propias o refleja también un riesgo del euro? De forma más coloquial, ¿no estarán los inversores dando patadas al euro en el trasero de los españoles?
Hay una forma rápida de comprobarlo. Es fijarse en Italia. Tiene menos problemas que España, pero ha sufrido la misma huida de capitales. Es el temor a la quiebra del euro y no solo los problemas nacionales lo que explica la huida hacia los países fuertes.
A diferencia de Grecia o Portugal, la economía española tiene capacidad competitiva, como muestra la evolución de las exportaciones
Los 600 puntos de sobrecoste que ha venido pagando el Tesoro español para financiarse en los últimos meses se deben, en parte, al riesgo propiamente español, derivado de nuestros males, que probablemente explica un sobrecoste de 300 o 350 puntos y el resto es el riesgo del euro. Si se eliminase, la prima española bajaría a niveles sostenibles y no habría problemas en seguir financiándose en los mercados privados de capitales.
Eso es así, en la medida en que, a diferencia de Grecia o Portugal, la economía española tiene capacidad competitiva, como muestra la evolución de las exportaciones. Una competitividad que además puede mejorar si se aplican verdaderas reformas y no recortes a trompicones. No se trata de pedir limosna, sino de pagar solo por las debilidades propias y no por los males del euro.
¿Cuál es la causa del riesgo del euro? Aunque la razón última es que no existe una unión política europea, la causa inmediata es que el BCE no se comporta como un verdadero banco central, al estilo del Banco de Inglaterra o la Reserva Federal. Cuando lo hizo, o cuando anuncia que lo va a hacer, el comportamiento de los mercados cambia rápidamente. Lo hemos visto cuando Mario Draghi dijo la semana pasada que el BCE va a hacer “todo lo necesario para salvar al euro; y, créanme, será suficiente”. La prima de riesgo española comenzó a desprenderse del riesgo del euro.
Por qué Alemania impide al BCE actuar como un verdadero banco central es un misterio
¿Conseguirá Draghi hacer lo necesario? Todo indica que dependerá de nuevo de la actitud de Alemania.
Por qué Alemania impide al BCE actuar como un verdadero banco central es un misterio. Especialmente si se tiene en cuenta que los estudios sobre los costes de una ruptura parcial o total de la eurozona señalan que Alemania sería la gran perdedora. Si es así, ¿cómo entender su tozudez, arrogancia y bravuconería? Podemos plantear dos hipótesis.
La primera es que su conducta esté movida por sus intereses nacionales a corto plazo. La austeridad impuesta a los países sobreendeudados sería una forma de dar tiempo a que los ahorradores y los bancos alemanes recuperen lo que prestaron al sector público y privado esos países. Además, al refugiarse los capitales en la deuda alemana le permite practicar dumping financiero y financiarse a coste cero o negativo, en perjuicio de la Hacienda y de las empresas de los más débiles.
La segunda, es que su conducta esté motivada por su visión de cómo avanzar en la integración europea. Alemania quiere forzar a Francia a aceptar la Unión Política como paso previo a dejar al BCE hacer las funciones de banco central; pero Francia se resiste a esa condición y defiende la Unión Bancaria. El resultado incierto de esta nueva guerra franco-prusiana es el riesgo de ruptura del euro.
Cuando escribo no sé si Draghi se habrá salido con la suya o Alemania le habrá vuelto a poner de rodillas. Si ha sido esto último, probablemente España se verá obligada a pedir un rescate en alguna de sus modalidades. Si es así, veremos que el dilema de si permanecer o salir del euro se planteará con todo su crudeza. Porque el rescate sería como si en vez de lanzar un salvavidas de corcho, que te ayuda a flotar y volver al barco, te lanzasen uno de acero, que te hunde definitivamente en la recesión, el estancamiento, el desempleo y la pobreza. En esas circunstancias el dilema del euro se expresaría con toda su fuerza.
Antón Costas es catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona

jueves, 19 de abril de 2012

Animales de la selva,sabana, desierto, cuidado un rey cazador anda suelto

  NI UNO MAS
Artículo de Maruja Torres en El Pais 19 abril 2012


Queridas viudas y huérfanos de la selva, la sabana, las estepas y demás enclaves naturales en donde soléis intentar sobrevivir a la maldad de los hombres prepotentes y estúpidos:
Por razones obvias de falta de transparencia carezco de datos para conformar el elenco de bajas que la más alta autoridad institucional de este país ha causado deliberadamente a vuestras familias. Sé de osos, de elefantes, de bisontes, de búfalos, de tigres... Pero no tengo la lista completa, aunque puedo imaginarla. Dada la edad avanzada del sujeto, que empezó a disparar muy joven, y que no se le conocen errores desde aquel en el que se llevó por delante a su hermano, es muy posible que mientras nosotros, aquí, nos debatimos en una crisis terrible, vosotros, ahí, todavía sigáis llorando la desaparición, por un tiroteo criminal y cobarde, de vuestros seres queridos. Sobre todo los elefantes, que tenéis tan buena memoria. Sabed que la mayoría de los españoles sufrimos por vuestras pérdidas.
Sabed también que no nos produce el menor alivio el hecho de que la última cacería de los vuestros le fuera pagada a nuestro monarca titular —no moral: esto no es la selva, ni él es el Rey León— por un millonario saudí de origen sirio, perteneciente a esa otra fauna de gentes adineradas que él frecuenta, en este caso sacrificándose estrictamente por ¡España! Sabed que estamos avergonzados, abochornados, indignados y hasta la cresta de tanta miseria ética y estética, y que os acompañamos en el sentimiento.
Os pedimos disculpas. Si la caza debió desaparecer con el Neolítico, la Monarquía debería desaparecer ahora. Haremos lo posible. Entretanto, es mejor que os pongáis a salvo en cuanto diviséis a un anciano rubio y coloradote que cojea. Es letal y va armado.


domingo, 25 de marzo de 2012

La linea roja

Blog sobre las politicas de izquierdas en Espana.