miércoles, 22 de agosto de 2012

ALEMANIA LOVES GRECIA

                                       ALEMANIA LOVES GRECIA.

 Hay amores que matan. Pasa en las mejores familias y en cualquier comunidad de vecinos. Todos hemos visto relaciones enfermas que derivan en violencia de género. La parte dominadora ejerce un poder creciente que limita la capacidad de maniobra y la libertad de decidir de la parte dominada, que ve progresivamente cercenada su independencia. Es frecuente que el maltratador esté reproduciendo un patrón de comportamiento que sufrió en algún momento como víctima. Cuando le llega el momento de tomar las riendas de su propia vida, aplica la misma estrategia de dominación, negándose a reconocer que este modo de obrar le provocó dolorosas heridas no curadas y justificando su propia actuación como el único remedio ante lo que considera errores continuados de su víctima. Ésta, debilitada por las dificultades a las que ha debido enfrentarse, entra en una espiral de desánimo y miedo, acaba creyendo que no sirve para nada y acepta la autoridad pensando que la solución a sus problemas vendrá de la mano del dominador. La relación enferma se construye entonces sobre la base de una creencia errónea: las duras acciones del maltratador son la única solución a unos problemas que cree generados por la víctima, como una deficiencia cuasi genética. Sin embargo, tras esta compleja trama de voces y silencios se oculta el miedo y la inseguridad del maltratador. Psicología básica. Los bravucones siempre golpean primero para intimidar al contrario, evitar ser considerados débiles y afirmar su propia personalidad tambaleante. Así, el maltratador oculta de forma inconsciente sus miedos y elige dominar a ser dominado o dañado de nuevo. Para ello es fundamental encontrar la víctima adecuada, aquella que por desgraciadas circunstancias necesite apoyo para construirse. La víctima probablemente destaque por sus cualidades, por encima de las capacidades del maltratador. Éste lo comprende pronto y, como si en un espejo se mirase, oculta sus deficiencias y su tremenda inseguridad mediante la violencia. En el fondo siente miedo a volver a sentirse vulnerable, a no ser más valiente, más fuerte, más inteligente, y actúa violentamente por miedo a la libertad ajena y a la capacidad creativa del otro. La víctima es en realidad mucho más fuerte de lo que se la ha hecho creer, pero no lo sabe. Sólo cuando despierte y tome conciencia de ello, romperá la relación y saldrá fortificada. Mientras esto ocurre, se instala la ley del silencio en la escalera. Todo el mundo lo sabe. Todo el mundo calla. Son cosas de familia. A nosotros no nos afecta. Es cosa de ellos. Quizá se lo merezca. Tendrá sus motivos. Ellos sabrán. A nosotros eso no nos va a pasar. Somos gente de bien. Vete tú a saber qué ha estado haciendo. Con lo trabajador, serio y correcto que es. Los trapos sucios se lavan en casa. No sé cómo lo aguanta y no se marcha. Dónde va a ir, con una mano delante y otra detrás. Si es él el que trae el dinero a casa. Nadie denuncia y, como nadie denuncia, las autoridades no hacen nada. Cuando la víctima de la violencia de género no aguanta más y se marcha de casa con lo imprescindible (los hijos), para empezar una nueva vida en pobreza pero en libertad y dignidad, el maltratador suele seguir despertando afectos. Pobre hombre, con lo que trabaja, mira el pago que le da. En la escalera de Europa se ha instalado la violencia de pueblo. Todos lo saben. Todos callan y miran para otro lado. Todos estigmatizan a la víctima buscando argumentos para justificar lo que sucede. Nadie denuncia y todos piensan que la víctima se lo merece. Mírala, todo el día luminosa, recostada en la playa mediterránea, toda blanca y azul, con su vino y su retsina, con su aceitunitas de Kalamata y sus pasas de Corinto, adornada de sus perlas ajadas, con sus bailes y sus risas, dada a la buena vida mientras el esforzado trabajador apenas ve el sol en su trabajo norteño, siempre con la faz sombría y seria, tan equilibrado, tan cumplidor. No saben que a ella no le da la gana de dejar de reír ni de dejar de disfrutar de la vida. Y disfrutar de la vida es compartir con la familia y los amigos un rato de charla y un vaso de vino bajo la luz y el sol del Mediterráneo. No saben que los dolores los llora en casa. No saben que eso es la dignidad. Grecia está sufriendo, como si de un chivo expiatorio se tratara, la incomprensión de sus vecinos de escalera. Está aguantando el azote de insultos: vagos, despilfarradores, débiles, corruptos, mentirosos. Y se la hace la única culpable de todos sus males. Los vecinos europeos están generalizando en todos y cada uno de los griegos los mismos males presentes en cualquier otro país. ¿En Grecia hay corruptos y defraudadores, políticos que ponen el cazo, ciudadanos que evaden impuestos? Como los hay en otros países europeos. ¿No es España misma un lugar en el que campan con la bendición del gobierno los defraudadores para quienes se ha elaborado una amnistía fiscal? ¿No tenemos a un gobierno inyectando dinero público a una empresa privada gestionada por los allegados de la gente fuerte de su partido? De la esforzada Grecia se han dicho muchas cosas, por pura envidia de verla asomada al balcón del sur, disfrutando de los amaneceres y las puestas de sol en el mar, feliz con el simple hecho de sentir en su piel el calor del sol y de saborear los simples alimentos nobles de la civilización: el pan, el vino, el aceite, el queso, la miel… La misma directora del FMI, Christine Lagarde, en un arranque de locuacidad incontrolado, ha mezclado churras con merinas esta semana al regañar, cual rígida institutriz, a los griegos, acordándose de los problemas del África negra, conminándoles a pagar sus impuestos, los mismos que ella parece que no paga, según informaciones recientes. Como si los griegos tuvieran también la culpa de los problemas del Tercer Mundo. Sí, se dicen muchas cosas de la vecinita del sur. Y pocas, muy pocas, buenas. Se merecerá lo que le pase. Sin embargo, él… Pobrecito él. Siempre pagando las deudas de ella… A ella se la desprecia y sus vecinos respetables afirman su propia valoración por comparación con ella. Nosotros no somos Grecia. No queremos vernos como Grecia. Sí, se dicen muchas cosas de Grecia. Pero también son muchas las que no se dicen. Se reconoce en algún que otro foro el tremendo esfuerzo que la clase media griega está haciendo. Pero hay muchas otras cosas que no se dicen ni se recuerdan sobre Grecia. Nadie recuerda la capacidad de resistencia del pueblo griego bajo los largos siglos de dominación otomana, siglos durante los cuales los griegos fueron capaces de mantener viva su conciencia de nación y su lengua grácil. Nadie habla de la capacidad de los griegos para hacer de la necesidad virtud cuando decidieron dedicarse a la navegación y al comercio que los turcos despreciaban. Hay más cosas que no se dicen de Grecia. Nadie habla del papel que Alemania, Gran Bretaña y Francia jugaron en la difícil historia reciente de Grecia. Nadie recuerda cómo Francia y Gran Bretaña se desentendieron de la suerte de los griegos masacrados por Ataturk en Anatolia, después de haberle prometido ayuda para liberarse del yugo turco. Treinta buques de guerra aliados presentes frente a la costa de Esmirna pusieron marchas militares en cubierta para ahogar el terrible sonido de la masacre de 1922. Nadie recuerda que, menos de un siglo después de haber proclamado Grecia su independencia, el apoyo de Alemania a Turquía contra Grecia, con contrapartidas comerciales y de explotación de recursos, fue la estrategia alemana para neutralizar la creciente preponderancia británica en el Mediterráneo Oriental. Nadie recuerda que el desentendimiento de los países de la Triple Entente (Gran Bretaña, Francia y Rusia), teóricamente aliados de Grecia, llevó a un millón y medio de griegos de Anatolia a Atenas, de la noche a la mañana. Nadie recuerda cuánto “aprendió” Alemania de los “batallones de trabajo” turcos, a la sazón campos de concentración y exterminio donde fueron masacrados miles de griegos. Nadie cuenta que Grecia fue utilizada como pieza barata del enfrentamiento que desembocaría en la Primera Guerra Mundial. Hay muchas cosas que no se dicen de Grecia. Nadie habla tampoco de la ocupación nazi del país heleno y de la dura resistencia que la población opuso. Nadie habla de cómo se le condonó a Alemania el 50% de la deuda contraída a resultas de haber provocado la Segunda Guerra Mundial. Nadie recuerda que Alemania aún no ha pagado a Grecia la parte no condonada de dicha deuda, y que ese dinero probablemente bastaría para sacar a Grecia del pozo donde se la está hundiendo conscientemente. Por no hablar del apoyo que Alemania ha seguido dando a Turquía para fomentar los enfrentamientos de ésta con Grecia y así poder venderle armas y submarinos. Nadie dice que parte de la deuda que los griegos han contraído con los bancos alemanes ha ido a parar a las arcas de las empresas armamentísticas alemanas, para que Grecia se proteja del hostigamiento de Turquía, protegida de Alemania. El círculo perfecto de la maldad. Por no hablar de cómo Gran Bretaña y Alemania expoliaron Grecia con el consentimiento de los turcos, que despreciaban cuanto fuera griego, aquellos que convirtieron el Partenón en un polvorín, a resultas de lo cual vemos hoy su cella destrozada. Nadie recuerda que la deuda griega se pagaría de una sola vez si los mármoles del Partenón robados por Elgin regresaran al nuevo Museo de la Acrópolis, museo que los griegos han construido para desarmar el principal argumento británico: “Los mármoles no pueden volver a Grecia porque Atenas no tiene un Museo digno de conservarlos. En el Museo Británico estarán mejor cuidados”. Y de paso nos quedamos los pingües beneficios que produzcan. Nadie recuerda tampoco un recuerdo incómodo. Nadie comenta demasiado el hecho de que las cuentas falseadas que los políticos conservadores griegos presentaron a Europa para entrar en la UE estaban ciertamente falseadas…, después de que los políticos griegos fueran aconsejados por Goldman Sachs, la misma empresa que ha colocado a sus antiguos representantes de la filial europea al frente del BCE, del FMI… Y Europa miró a otro lado. ¿Alguien cree que el griego anónimo que tiene su negocio en una tranquila calle de un tranquilo pueblo del tranquilo Peloponeso, entre olivos y vides, es responsable de lo que hace el miembro de la casta política que toma decisiones cuando y como quiere y sólo le pregunta una vez cada cuatro años? ¿Hemos decidido los españoles conscientemente en las elecciones los recortes y políticas que nuestros gobernantes están llevando a cabo y que no llevaban en el programa electoral? ¿Alguien cree que la corrupción de los políticos griegos existía porque la tradición del fakelaki (sobrecito) está en el código genético griego? En el resto de Europa no existe aparentemente dicha tradición… entre la clase media, pero que nadie me diga que eso no ocurre, ¡por los dioses!, entre los dirigentes políticos. Son muchas las cosas que no se dicen de Grecia. Y muchas las que no se dicen de su principal verdugo. Alemania, pobre Alemania, tiene miedo e inseguridad, y también envidia. En las difíciles tensiones a lo largo de la historia entre el centro y la periferia europea, el siglo XX ha pasado una factura terrible a Alemania. Sintió las condiciones del Tratado de Versalles de 1920 como una terrible humillación y de alguna manera por ello toda Europa sufrió el nazismo. Necesitó ejercer la violencia para no volver a sufrir otra derrota que no pudo evitar. Alemania tiene miedo de volver a ser débil y, como muchos maltratadores, usa la violencia para esconder su propia debilidad. Alemania aún no ha curado sus heridas, pero, además, la opinión pública alemana, azuzada por algunos de sus políticos y medios de comunicación, está creyendo que su país está de nuevo siendo víctima de una terrible injusticia que obliga a los alemanes a trabajar y pagar para que los vagos del sur fiesteen. Der Spiegel publicó una foto de una plaza griega llena de gente tomando café en las terrazas, con una pregunta: “¿Tenemos nosotros que pagar esto?” Los políticos alemanes están usando de nuevo del populismo dentro de sus fronteras para hacer creer a su gente que los cerdos de la periferia europea (los PIIGS) están abusando de su generosidad. Y lo hacen, en el mejor de los casos, por ser cortos de miras, o, en el peor, conscientes de lo que están haciendo, pero poniendo sus intereses partidistas por delante del peligro de una nueva escalada de tensiones en Europa. La palabra puede ser tan mortífera como la peor de las armas. Y es que la señora Merkel no quiere que los alemanes reconozcan que el milagro alemán no se debe sólo a los alemanes. No quiere que sus ciudadanos sepan, recuerden y tengan presente que Alemania se ha levantado con los países de la periferia, que le compraban electrodomésticos y coches. No quiere que sepan que su país se financia a tan bajo coste porque la financiación de los países del sur es muy elevada. No quiere romper la ilusión de sus conciudadanos, que creen que son superiores a los sureños y lo ejercen presentándose a sí mismos como más serios, más trabajadores, más eficientes. No quiere hablar de una palabra incómoda, solidaridad, porque quieren creer que el resto de Europa no fue solidaria con ellos. Tampoco quiere la señora Merkel que sepan sus alemanes que Alemania necesita a Europa para competir económicamente con China, Estados Unidos, India o Brasil. La inseguridad que genera el hecho de reconocer que Alemania necesita de sus vecinos sería un golpe terrible para una autoestima que no está sobrada después de la particular trayectoria de Alemania en el siglo XX. Así, la señora Merkel no quiere que sus alemanes sepan que en realidad Alemania necesita que Grecia siga en el euro. No pueden dejarla salir porque si Grecia sale del euro no seguirá pagando y no podrán seguir despojándola de sus poderes ciudadanos ni de sus bienes. Ante este miedo, usa la misma estrategia de siempre: la violencia. Golpea para hacer creer que es más fuerte, que tiene razón, que la culpabilidad de la situación crítica recae únicamente sobre el otro. Pero es que Alemania también envidia a Grecia. Alemania quiere y necesita creer que es superior a Grecia. Ama en ella todo lo que posee de manera natural. En el reparto de aquellos primeros pueblos indoeuropeos que colonizaron el continente, a la germanidad le correspondió en mala hora el frío norte, mientras que a los griegos les correspondió el cálido sur. Alemania habría querido ser Grecia, haber nacido en las costas de sur, a las que bajan en el invierno de sus vidas para calentar sus huesos antes del frío eterno. Pero sobre todo, por encima de todo, Alemania querría haber alumbrado ella la perfección y el equilibrio, la racionalidad y la belleza, la filosofía y la técnica. De alguna manera, el subconsciente alemán sigue creyendo que el espíritu griego y el alemán son sólo uno, y que Grecia es la hermana descarriada que hay que devolver a la senda correcta. Sigue creyendo ser más sabia que la Grecia que parió los dones humanos que la propia Alemania ama y de los que tanto se enorgullece. Siguen creyendo, al igual que los ingleses, (¡¿dónde están los ingleses?!), que le hicieron un favor a Grecia al excavarla, creen que la “hicieron conocerse”. Pero como las víctimas de la violencia de género, Grecia, víctima de la violencia de pueblo, es mucho más poderosa de lo que creemos el resto de los europeos. Cuando oigo a nuestros perversos políticos decir con desprecio aquello de “España no es Grecia”, pienso: “¡Qué más quisiéramos!”. Claro que España no es Grecia, ni el resto de Europa es Grecia. Ahora mismo Grecia es el laboratorio de Europa. Una intuición nacida de algún lugar desconocido me dice que será la salvación de Europa. Será Grecia quien reinvente lo que tenga que ser la vida futura del viejo continente. No sé si es mi propio deseo el que habla por mí, puedo equivocarme, pero creo que Syritza tendrá la llave de gobierno en las próximas elecciones del 17 de Junio. E impondrá y hará valer la fuerza interna de Grecia, pidiendo, no salir del euro, sino otra Europa, que castigue la corrupción de las castas políticas dominantes (el PASOK, Nueva Democracia, los Venizelos, Samarás, Papandreu…), que aleje a los servicios públicos de la esclavitud política, que aplique las medidas draconianas, impuestas por la Troika a las clases medias, a las oligarquías que evaden impuestos y mantienen privilegios como los de la Iglesia, que reivindique una democracia real, que acabe con la tiranía plutocrática de los mercados. Mientras, los dirigentes de la UE, lacayos de los mercados, se permiten el lujo de amenazar al pueblo griego si se les ocurre votar a la izquierda que desafía sus órdenes. Pero, como las víctimas de la violencia de género, el pueblo griego está despertando a su orgullo nacional, del que nunca se ha desprendido, porque no es un orgullo de nación, es un orgullo de humanidad. El pueblo griego no se rendirá. Pudo soportar la dominación otomana durante siglos y mantener con orgullo su lengua. ¿De verdad cree Alemania que conseguirá domeñar el orgullo griego? Circula una anécdota que ilustra a la perfección la diferencia de mentalidad entre ambos pueblos: un turista alemán se acerca a la recepción de un hotel griego y encuentra a dos jóvenes recepcionistas griegas bromeando y riendo alegremente. El alemán las reprende echándoles en cara que se les ocurra reír estando su país en semejante crisis. Las jóvenes lo miran como si fuera un extraterrestre y le contestan: “¿Y qué quiere que hagamos? ¿Suicidarnos?”. Por encima de las veleidades de los dioses mercados a los que el Norte europeo rinde pleitesía, los griegos paganos tienen el conocimiento de la única religión verdadera: estar vivos y sentir la luz del sol en la piel.
Autora :

Elena Fuentes Cara

Enlace al artículo original

domingo, 5 de agosto de 2012



Ni contigo ni sin ti 
El euro plantea a la sociedad española un dilema cada vez más evidente. En su actual funcionamiento, los costes de estar en el euro son mayores que los beneficios. Sin embargo, el miedo a lo desconocido, a las consecuencias que tendría la salida, frena esa opción. La encuesta de opinión publicada el pasado domingo por este diario refleja esta disyuntiva.
Ese dilema se podría expresar mediante la letra de una vieja y popular canción que dice: “Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque me matas, sin ti porque yo me muero”.
¿Cuáles son esos males? Fundamentalmente, dos. Primero, el elevado endeudamiento, cuya causa inicial fue más el sector privado que el sector público, y el sobrecoste o prima de riesgo que el Tesoro español tiene que pagar para seguir financiándose ese endeudamiento en los mercados privados de capitales. Segundo, la débil competitividad de nuestra economía. Ambos males limitan la capacidad de crecer y crear empleo.
La solución al problema de la competitividad depende únicamente de nosotros; la ventaja en este caso es que hay señales esperanzadoras en el comportamiento de las exportaciones y que mejorar no es difícil. Por el contrario, la solución al problema de la deuda es responsabilidad compartida con la Eurozona.
¿Facilita la Eurozona la solución? Más que aliviarla, la agrava.
La política de austeridad hunde a la economía en la recesión, la somete al estancamiento prolongado y al desempleo masivo y crea penurias y pobreza
La política de austeridad hunde a la economía en la recesión, la somete al estancamiento prolongado y al desempleo masivo y crea penurias y pobreza. Pero además de crear esos nuevos problemas, la austeridad inclemente agrava el sobreendeudamiento. Esto es así en la medida en que, por un lado, la recesión, al provocar una caída del PIB, hace que el peso de la deuda en relación al PIB aumente en vez de disminuir. Y, por otro, al provocar una caída de ingresos públicos, la recesión impide la reducción del déficit. En esas circunstancias, es lógico que los prestamistas castiguen la deuda española y retiren capitales.
Ahora bien, ¿este castigo se debe únicamente a las debilidades propias o refleja también un riesgo del euro? De forma más coloquial, ¿no estarán los inversores dando patadas al euro en el trasero de los españoles?
Hay una forma rápida de comprobarlo. Es fijarse en Italia. Tiene menos problemas que España, pero ha sufrido la misma huida de capitales. Es el temor a la quiebra del euro y no solo los problemas nacionales lo que explica la huida hacia los países fuertes.
A diferencia de Grecia o Portugal, la economía española tiene capacidad competitiva, como muestra la evolución de las exportaciones
Los 600 puntos de sobrecoste que ha venido pagando el Tesoro español para financiarse en los últimos meses se deben, en parte, al riesgo propiamente español, derivado de nuestros males, que probablemente explica un sobrecoste de 300 o 350 puntos y el resto es el riesgo del euro. Si se eliminase, la prima española bajaría a niveles sostenibles y no habría problemas en seguir financiándose en los mercados privados de capitales.
Eso es así, en la medida en que, a diferencia de Grecia o Portugal, la economía española tiene capacidad competitiva, como muestra la evolución de las exportaciones. Una competitividad que además puede mejorar si se aplican verdaderas reformas y no recortes a trompicones. No se trata de pedir limosna, sino de pagar solo por las debilidades propias y no por los males del euro.
¿Cuál es la causa del riesgo del euro? Aunque la razón última es que no existe una unión política europea, la causa inmediata es que el BCE no se comporta como un verdadero banco central, al estilo del Banco de Inglaterra o la Reserva Federal. Cuando lo hizo, o cuando anuncia que lo va a hacer, el comportamiento de los mercados cambia rápidamente. Lo hemos visto cuando Mario Draghi dijo la semana pasada que el BCE va a hacer “todo lo necesario para salvar al euro; y, créanme, será suficiente”. La prima de riesgo española comenzó a desprenderse del riesgo del euro.
Por qué Alemania impide al BCE actuar como un verdadero banco central es un misterio
¿Conseguirá Draghi hacer lo necesario? Todo indica que dependerá de nuevo de la actitud de Alemania.
Por qué Alemania impide al BCE actuar como un verdadero banco central es un misterio. Especialmente si se tiene en cuenta que los estudios sobre los costes de una ruptura parcial o total de la eurozona señalan que Alemania sería la gran perdedora. Si es así, ¿cómo entender su tozudez, arrogancia y bravuconería? Podemos plantear dos hipótesis.
La primera es que su conducta esté movida por sus intereses nacionales a corto plazo. La austeridad impuesta a los países sobreendeudados sería una forma de dar tiempo a que los ahorradores y los bancos alemanes recuperen lo que prestaron al sector público y privado esos países. Además, al refugiarse los capitales en la deuda alemana le permite practicar dumping financiero y financiarse a coste cero o negativo, en perjuicio de la Hacienda y de las empresas de los más débiles.
La segunda, es que su conducta esté motivada por su visión de cómo avanzar en la integración europea. Alemania quiere forzar a Francia a aceptar la Unión Política como paso previo a dejar al BCE hacer las funciones de banco central; pero Francia se resiste a esa condición y defiende la Unión Bancaria. El resultado incierto de esta nueva guerra franco-prusiana es el riesgo de ruptura del euro.
Cuando escribo no sé si Draghi se habrá salido con la suya o Alemania le habrá vuelto a poner de rodillas. Si ha sido esto último, probablemente España se verá obligada a pedir un rescate en alguna de sus modalidades. Si es así, veremos que el dilema de si permanecer o salir del euro se planteará con todo su crudeza. Porque el rescate sería como si en vez de lanzar un salvavidas de corcho, que te ayuda a flotar y volver al barco, te lanzasen uno de acero, que te hunde definitivamente en la recesión, el estancamiento, el desempleo y la pobreza. En esas circunstancias el dilema del euro se expresaría con toda su fuerza.
Antón Costas es catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona

jueves, 19 de abril de 2012

Animales de la selva,sabana, desierto, cuidado un rey cazador anda suelto

  NI UNO MAS
Artículo de Maruja Torres en El Pais 19 abril 2012


Queridas viudas y huérfanos de la selva, la sabana, las estepas y demás enclaves naturales en donde soléis intentar sobrevivir a la maldad de los hombres prepotentes y estúpidos:
Por razones obvias de falta de transparencia carezco de datos para conformar el elenco de bajas que la más alta autoridad institucional de este país ha causado deliberadamente a vuestras familias. Sé de osos, de elefantes, de bisontes, de búfalos, de tigres... Pero no tengo la lista completa, aunque puedo imaginarla. Dada la edad avanzada del sujeto, que empezó a disparar muy joven, y que no se le conocen errores desde aquel en el que se llevó por delante a su hermano, es muy posible que mientras nosotros, aquí, nos debatimos en una crisis terrible, vosotros, ahí, todavía sigáis llorando la desaparición, por un tiroteo criminal y cobarde, de vuestros seres queridos. Sobre todo los elefantes, que tenéis tan buena memoria. Sabed que la mayoría de los españoles sufrimos por vuestras pérdidas.
Sabed también que no nos produce el menor alivio el hecho de que la última cacería de los vuestros le fuera pagada a nuestro monarca titular —no moral: esto no es la selva, ni él es el Rey León— por un millonario saudí de origen sirio, perteneciente a esa otra fauna de gentes adineradas que él frecuenta, en este caso sacrificándose estrictamente por ¡España! Sabed que estamos avergonzados, abochornados, indignados y hasta la cresta de tanta miseria ética y estética, y que os acompañamos en el sentimiento.
Os pedimos disculpas. Si la caza debió desaparecer con el Neolítico, la Monarquía debería desaparecer ahora. Haremos lo posible. Entretanto, es mejor que os pongáis a salvo en cuanto diviséis a un anciano rubio y coloradote que cojea. Es letal y va armado.


domingo, 25 de marzo de 2012

La linea roja

Blog sobre las politicas de izquierdas en Espana.

martes, 13 de marzo de 2012

C(h)oeurs en el teatro Real

(Publicado en El Mundo 13-03-2012)

El estreno de C(h)oeurs, basada en el espíritu del 15-M, divide al Teatro Real

Un momento de la representación. | Javier del Real

Un momento de la representación. | Javier del Real

  • El estreno de 'C(h)oeurs' polariza al público del coliseo madrileño
  • La obra mezcla de 'performance', danza, música y mensaje político

Tan sólo 600 metros separan lo que fue el epicentro del 15-M, la Puerta del Sol, del Teatro Real. Pero a pesar de la proximidad, durante los breves meses que duró el movimiento, el coliseo madrileño permaneció ajeno a manifestaciones, cargas policiales, acampadas y demás folklore. ‘Las bodas de Fígaro’ y ‘Tosca’ vencían a la realidad intramuros del Real. Hasta este lunes. El estreno mundial de ‘C(h)oeurs’, la última apuesta de Gérard Mortier como director artístico del Real, ha llenado su escenario de pancartas, consignas y reflexiones políticas. Una apuesta arriesgada que ha dividido al público en aplausos y pataleos a partes iguales.

Dirigida por Alain Platel -paisano de Mortier- y con Marc Piollet dirigiendo el foso, ‘C(h)oeurs’ es un espectáculo que se escapa a la categorización. Mezca la danza de Les Ballets C de la B, creados por el propio Platel, con la interpretación de diversas piezas de Verdi y Wagner -algunas tan conocidas como el ‘Va pensiero’ y el Dies irae’, del primero- a cargo del coro del Real, cuyos miembros aparecen reconvertidos también en actores y bailarines.

A todo ello hay que sumarle textos de Marguerite Duras, ‘performance’, arias grabadas y grabaciones sonoras de las manifestaciones de la Primavera árabe y el 15-M. Todo ello, según el director, para hablar de la dicotomía entre el individuo y la colectividad. De ahí el juego de palabras de su título en francés, un híbrido entre 'corazones' y 'coros'.

El resultado ha dejado insatisfecho a un sector del público. Las primeras deserciones han llegado después de una grabación de una canción interpretada en español durante una manifestación: “El fraude de esta democracia incierta es la ley electoral que nos ha sido impuesta”. Poco después, un niño arrastrado por el suelo. Y, a continuación, una de las bailarinas que toma un micrófono y empieza a recitar en francés: “El marxismo me resulta de una extrema pobreza”, “el simplismo es fascista”, “haría falta una función igualitaria de la pobreza; si todos los países del mundo muriesen de hambre de igual manera se podría empezar de cero".

'¡Váyanse!"

En ese momento, un sector del público sentado en un palco justo detrás de Mortier ha empezado a patalear. "¡Que canten!", han gritado algunos, refiriéndose al coro que hacía rato que no abría la boca y contemplaba en segundo plano la 'performance' de los bailarines. "¡Váyanse!", han respondido otros a estos en medio de un pequeño tumulto verbal. "Si tuviesen un poco de dignidad no se quedarían", ha espetado otra señora, liderando a un nutrido grupo que ha desertado tras el pataleo.

En la escena siguiente, los componentes del coro han empezado a escribir lemas en pancartas de cartón, con expresiones como "respeto", "patria", "dignidad", "open your mind" o "España" (un día antes, en el ensayo general, se pudo ver una que decía "Garzón"). Lemas que han mostrado entre la leyenda “Revoluciones devoran sus hijos” (o “Sus revoluciones devoran hijos”, según el sentido en que se leyese), mientras cada corista tomaba el micrófono para decir su nombre. Un gesto que ha sido repetido por un espontáneo entre el público.

Al final de la función, el dictamen ha sido de división total entre el público, con la mitad aplaudiendo y ovacionando y la otra mitad gritando “¡Fuera!”, silbando y pataleando.



(Publicado en la Vanguardia el 13-03-2012)

Madrid. (Efe).- El coreógrafo belga Alain Platel lo ha logrado. Quería conmocionar al público con C(h)oeurs y el que ha asistido esta noche a su estreno mundial en el Teatro Real se ha quedado, a juzgar por su reacción, "touché": unos, los más, entusiasmados con su "belleza de lo feo" y otros espantados por ella.

Todos, nada más bajarse el telón, han expresado con igual energía su parecer, y si los "bravos", aplausos y silbidos admirativos tenían una gran potencia, no menos la tenían los "fuera, fuera", redoblados ambos en cuanto han salido a saludar bailarines y coro, Platel -director de les ballets C de la B- y el director de la orquesta, Marc Piollet.

Los conmocionados en negativo han ido expresando su parecer, para disgusto del resto, durante la hora y cuarenta y cinco minutos de representación: unos abandonando la sala, más o menos en silencio, y otros pateando cuando la música, algunos de los mejores coros de Verdi y Wagner, era sustituida por frases de Margarite Duras o de la novela Las benévolas de Jonathan Litell. El lenguaje coreográfico a base de movimientos espasmódicos y hasta histéricos, con muchos "pinos" y "pinos puente", en el que los ballets de la C de la B lleva explorando varios años, ha sido el "grito" que ha atravesado el discurso del coro, magnífico en la interpretación de su papel, es decir cantar, y en el de necesarios cooperadores de la historia dramática.

Su reflexión sobre lo individual y lo colectivo, con referencias al movimiento ocupa de Wall Street, la primavera árabe y la revolución en Egipto, entre otras "conmociones" sociales, ha empezado con el coro cantando Dies irae de Verdi y uno de los bailarines de espaldas desnudo.

Cuando sus otros nueve compañeros han aparecido en escena llevaban en la boca algo: su ropa interior, que se han puesto en medio de incontrolables temblores y al son del Coro de Peregrinos de Wagner y de los comentarios incrédulos de algunos espectadores.

Los 72 miembros del coro han bailado, interpretado y hecho percusión, y algunos hasta se han desnudado, lo que, según el intendente del Real, Gerard Mortier, describe su enorme calidad y entrega. Y si el coro ha bailado, los bailarines han cantado y recitado, justo las intervenciones que menos han gustado, aunque el momento de "mayor expresividad" del público, lo que Platel ansía con su coreografía como estética del cambio, lo ha provocado la "presentación" del coro.

En la parte central del espectáculo, cada miembro del coro se ha identificado diciendo su nombre y apellido. Al terminar el último se ha oído con nitidez que un espectador se identificaba como "Esteban García", una "improvisación" acogida con risas y aplausos. Esta producción, en la que colaboran el Holland Festival (Amsterdam) y el Concertgebow de Brujas (Bélgica), ofrece la oportunidad de escuchar algunas de las piezas corales más importantes de la historia en un espectáculo que es "como los cuadros negros de Goya", según Mortier, con formato de gran musical y estructura del teatro griego.

C(h)oeurs, un juego de palabras entre "coros" -lo global- y "corazones" -lo individual-, comienza con Dies Irae, de Verdi, "posiblemente la pieza más violenta que existe" y concluye con el Preludio de La Traviata, "la más íntima, la gran melodía de amor de Violeta, que se escucha con ella ya muerta", según Piollet. Entre ellas discurre el "agua profunda" de Va pensiero, de Nabucco, Tuba Mirum y Libera me, de la Misa de Réquiem, y Patria oppressa, de Macbeth, y Parigi o cara de La traviata. Wagner aporta su "música física, extrema y hasta peligrosa", con el Coro de los Peregrinos y O du mein holder Abendstern, de Tanhäuser; Wach auf, de Los maestros cantores de Nurenmberg; Heil!, König Heinrich!, Heil!, de Lohengrin, y los preludios de Lohengrin y Los maestros cantores de Nuremberg.